Muchos de los servicios municipales tienen un acusado déficit de personal. Entre ellos, algunos de los que tienen relación con las infraestructuras. Por eso, con frecuencia, se retrasa la ejecución de esas pequeñas obras que, mientras están en lista de espera, son como una china en el zapato de peatones y automovilistas. Son, en numerosos casos, esos rotos urbanos que permanecen días y días rodeados por las vallas amarillas de Protección Civil.
En la segunda ronda, en sus distintos tramos, se ven con frecuencia vallas amarillas. Ahora las hay por lo menos en dos puntos: en la Ronda de Fingoi, por mal estado de la acera, a la altura de la carballeira, y frente a los edificios de la Xunta, cerca ya de Pintor Corredoira; en este último caso debido a una fuga de agua.
Vallas y más vallas indicando problemas urbanos que no se solucionan. Por ejemplo, las que acabaron en la finca a la que debían de evitar caídas de peatones en la calle San Xillao. Esta calle es un ejemplo del modelo de desarrollo del urbanismo lucense. En uno de los tramos en los que carece de acera, cerca de la avenida As Fontiñas, en dirección a la Rampa de Claudio López, el asfalto acaba justo en el borde del solar, que está en un nivel considerablemente más bajo. Para evitar caídas fueron colocadas vallas amarillas; las que están caídas la mayor parte del tiempo son las propias vallas.
En la calle de la Policía Local, en sentido ascendente, hay una isla de contenedores soterrados. Uno de ellos resultó dañado por la embestida de un coche. Estuvo cercado por cinta de la Policía Local durante semanas, sin reparar. Así son las cosas en la ciudad de las vallas amarillas.