El baloncesto como argumento y ventaja

Ricardo Hevia

LUGO

Por fin, esta tarde, baloncesto. De Coruña regresó el Breogán con una victoria que le hacía recuperar el factor cancha, una mejora en la autoestima y la sensación, después de tres derrotas, que para ganar a los coruñeses no hacía falta recurrir a ningún conjuro; simplemente, jugar al nivel que debe hacerlo esta plantilla. Todo eran buenas noticias hasta que llegó el incendio: que si el himno, que si el arbitraje... Y entonces, el baloncesto pasó a un segundo plano. Y es una mala noticia, porque al Breogán lo que le interesa es precisamente jugar a baloncesto, no enfangar el campo. Con casi el triple de presupuesto que el Leyma, con una plantilla superior, el juego debe ser su gran aliado y no los líos ni los arrebatos pasionales. Tras un año horrible, plagado de partidos lamentables, soportado todo ello sin un ruido, precisamente ahora, en el esprint final, muy cerca ya de la meta, se organiza barullo. Bueno, allá los profesionales del ruido, pero exacerbar los ánimos y aumentar la presión no conduce a nada bueno. Que todo transcurra con calma y normalidad; y yo llamo normalidad simplemente a que gane el Breogán, sin faltarle al respeto a nadie. Y pese a la lamentable estadística de la liga regular, yo confío en estos jugadores, confío y estoy seguro de que van a ser capaces de ir eliminando todos los obstáculos que se le presenten. Y una consideración final: después de cuatro partidos ante Tito Díaz y su equipo, resulta que todos fueron igualados. Porque el del domingo iba para fácil, pero al final apretaba el nudo de la corbata. Lo lógico y lo normal es pensar que todo vaya a seguir siendo parecido. Si así sucede, por favor, que ninguna picardía táctica nos lleve a la derrota. El Pazo reventará, nunca falla. Pero qué bonito sería que el baloncesto fuese el único protagonista.