Tras llevar con paciencia una liga regular lamentable, sostenida en las redes sociales por algunos que se creen poco menos que propietarios del club, plagada de silencios y retoques en la plantilla, un año más afronta el Breogán un play off cuya meta es la tierra prometida de la Liga ACB, ese sueño tan esquivo durante la última década. No es cabeza de serie, justo castigo a sus errores, pero tampoco es importante. Camuflado de comparsa a lo largo de treinta partidos, se presenta en la línea de salida como un grano para cualquier rival. Los seis últimos partidos, saldados todos con victoria, le han devuelto el papel de favorito. Y pese a que su alrededor proliferaron toda clase de agoreros que daban el año por perdido, esta plantilla supo levantarse y taparle la boca a tanto sabio. Es magnífico empezar frente al Leyma Coruña; junto a Huesca y Oviedo, sin duda, son los grandes triunfadores de la liga regular; cercanía, rivalidad, gran ambiente y un puntito de afán de revancha ante un equipo convertido tradicionalmente en bota malaya para el Breogán. Un equipo, el nuestro, al que le ha pasado de todo en estos play offs durante los últimos años. Desde tocar con la punta de los dedos el éxito hasta trágicos fiascos como aquel 0-2 de Los Barrios, con el show final de aquel presidente que ahora ejerce a cien kilómetros de distancia.
Las series a cinco partidos dejan menos margen a la sorpresa. Siempre hay la posibilidad de remediar un error, esa es la teoría. La práctica dice que no hay cinco partidos, sino uno más uno más uno y así sucesivamente. Yo estoy convencido de que este año toca. Plantilla hay más que suficiente y, además, implicada y herida en su orgullo. Ha sido un año muy duro para los jugadores. En sus manos está, como siempre, el destino de este club histórico. Los que repiten año ya saben que no van a estar solos, ni en A Coruña ni en el Pazo. Y los nuevos tendrán ocasión de aprenderlo. Una espera de diez años es excesivamente larga.