Tiene razón Quique Fraga que no se conoce mejor medicina que la victoria. Caminar subidos en la ola cambia por completo el paisaje, de ahí que siempre el destino esté en manos de los jugadores. En tres semanas, el equipo parece otro. Y ya nadie se acuerda de los directivos, que siguen siendo los mismos y tan incompetentes como antes. Es cierto que matemáticamente el play off no está cerrado, pero nadie duda de conseguirlo. Es una obligación y, por ello, tampoco habrá que tirar cohetes. Hasta hace pocos días, el Breogán era un estrambote que lo mejor que podía hacer era rezar de cara al año que viene (versión de los entendidos). Ahora mismo es un equipo en racha que ha recuperado a jugadores importantes y al que nadie quiere ver delante en este play off a la vuelta de la esquina. Esta noche en Barcelona pueden lograrse dos objetivos: amarrar el play off y mantener la racha de victorias. Las dos cosas son importantes, además de afrontar con tranquilidad la última jornada y seguir asustando. En definitiva, marcar territorio, que es lo que había que haber hecho desde octubre. Aún se puede llegar a tiempo de ser importantes. Conviene, por tanto, mantener el encanto, conseguir un rendimiento normal en todos los jugadores; digo en todos, por ejemplo Ofoegbu. ¿No hay posibilidad de que eche una mano con ese físico, aunque sean diez minutos allí, cerca del aro, ocupando espacio y evitando que algún «gorilón» nos haga un destrozo? En quince días empezará una aventura conocida: ese play off a cuyo final está la añorada ACB. ¿Será este año tan estrambótico el del ascenso?