Que el PP se haya ausentado de una votación tan crítica como la de los Presupuestos de la Diputación Provincial por un supuesto enfado causado por que no se permitió debatir sus enmiendas al mismo ? lo que por otra parte clama al cielo, o por lo menos al contencioso-administrativo ? es tan absurdo como quemar tu coche porque no estás de acuerdo con una multa de tráfico.
Si querían dar una lección de humildad al gobierno bipartito de la Diputación, al que por cierto hay que felicitar por haber logrado sacar adelante las cuentas contra todo pronóstico, lo suyo habría sido tumbarle los presupuestos y obligarle a volver a llevarlos a otro pleno, e impedir su aprobación en todas y cada una de las votaciones hasta que se debatieran las enmiendas propuestas. Así de sencillo. Así lo entendió Manuel Martínez al que dejaron a los pies de los caballos como única oposición de facto en el salón de actos, que no de plenos, en que se ha convertido la antigua capilla de San Marcos.
Toda legítima argumentación que se habría podido hacer en favor de la aprobación de los presupuestos por ser lo mejor para la institución, por responsabilidad, por el ahogo que sufren los ayuntamientos más pequeños, o porque incluye partidas comprometidas por el propio PP en su breve etapa de gobierno es irrelevante, porque vendría al caso únicamente si se hubiera votado a favor de las cuentas o se hubiera optado por la abstención. No es lo que pasó.
Hoy muchas personas suspiran aliviadas, entre ellos alcaldes que ven que podrán cuadrar sus planes de obras, empresarios que cobrarán facturas y asociaciones que recibirán sus subvenciones. Que se aprueben unos presupuestos es una magnífica noticia para mucha gente, pero la forma de hacerlo habrá dejado ojiplática y quizás incluso avergonzada a una parte de la militancia de un partido que debiera ser lo bastante maduro como para dar una explicación razonable de por qué no se ha atrevido a votar y ha preferido huir.
La «espantá» como estrategia política probablemente sea la peor que se puede elegir, porque solo se explica mediante la estulticia o la existencia de acuerdos ocultos. Como ciudadano no sé qué es peor, probablemente lo segundo porque implica sospechar compensaciones bajo cuerda, que no son lo más sano en una institución pública aunque esta nos tenga bastante acostumbrados. Quizás otro abandono del pleno, en aquella ocasión por la aprobación de una RPT, o la posible obtención de ventajas para amigos internos en San Marcos puedan dar claves para explicar la aprobación de las cuentas por mucho que sea matar moscas a cañonazos. O no.
A las pocas semanas de un Congreso en que se prometió transparencia y participación imagino que una decisión de tal calado se habrá meditado y debatido profundamente al menos con la directiva provincial. Si no se hizo así y fue un arrebato la cosa es para echarse a temblar, y desde luego en todo caso la parte de transparencia deja mucho que desear.