Por fin se lograron dos victorias consecutivas. No importa la brillantez, ni las sensaciones, ni el poderío de los rivales. Para no perder de vista el play off, ganar era imprescindible y se consiguió. La lucha continúa y lo curioso es la cantidad de gente que habla ya del año próximo, dando este por terminado, como si en el año próximo estuviese la solución a todos los problemas, como si en el horizonte no se divisase ni una nube. ¿De verdad que el estropicio de todos estos años no complica el futuro del Breogán? Yo prefiero agarrarme al presente, pensar que pese a tener el enemigo en casa, a esta plaga de inútiles que zarandean este club, este grupo de jugadores está capacitado para todo. Que pese a venir de una temporada negra, son capaces de terminar a lo grande. En el presente, en sus manos, está la solución. Ese futuro idílico que corre de boca en boca es una quimera. El ascenso es, quizás, la única medicina posible.
Sin pasar los pueblos de dos en dos, esta tarde compromiso duro y de enorme trascendencia. Oviedo tiene a tiro la tercera plaza. Viene de una Liga fantástica, muy por encima de su presupuesto, pero le avala una trayectoria impecable en los últimos años en el club, en su funcionamiento y en el campo. El Breogán es la gran decepción de la Liga año tras año y un absoluto caos manejado por incompetentes. Pero a las seis de la tarde todo queda en manos de los jugadores. Y ahí si que somos superiores, lo cual no garantiza nada. Oviedo quiere asegurar su plaza de play off, el Breo necesita ganar para mantener sus opciones. Un partido tremendo a la vista. Jugar bien es imprescindible y, además, hacerlo con el alma. El año próximo queda muy lejos y lo que cuenta es el presente. Que yo sepa, aún está sin dueño una plaza de ascenso.