La ampliación de las rutas jacobeas en la Lista del Patrimonio Mundial es una consecuencia lógica del inicial reconocimiento de los años 1993 y 1998 dado que las primeras vías de peregrinación fueron el inicio de un fenómeno de tal trascendencia cultural e histórica que, con diferentes avatares, se ha mantenido hasta nuestros días.
Desde un punto de vista histórico-arqueológico, no se puede hablar de una única vía o trazado, dado que desde el descubrimiento de la tumba del apóstol las incursiones de distintos pueblos en pillajes y guerras supusieron continuos cambios en los trazados y en la apertura o cierre de distintas variantes que conjuntamente con distintas disposiciones políticas y aperturas de hospitales, encomiendas etcétera potenciaron una compleja red viaria jacobea.
Para el pueblo llano el componente eminentemente utilitario ha sido un aspecto muy relevante, desgraciadamente no suficientemente tenido en cuenta por los investigadores. Esta red de peregrinaje, heredera de la red viaria romana, potenciada en la Edad Media Alta y Baja, reutilizada con los Austria y con los Borbones (Red de Camiños Reales), sustituyó la carencia de la red de caminos estatal que hasta 1833, todavía a nivel teórico, no fue iniciada y formó, por lo tanto, parte de la vida económica y social de un territorio que sobrepasa los núcleos ubicados en las distintas rutas jacobeas.
En fin, aspectos historiográficos, culturales, etnográficos, valores estéticos, valores medioambientales?. Y, como consecuencia, su encaje en el paisaje y en el territorio, hacen de esta propuesta un orgullo para cada ciudadano de este país y nos integra aún más en un territorio más global como es Europa.
No obstante, su delimitación y distintos aspectos de su puesta en valor deben ser corregidos, dado que el trazado oficial muestra importantes errores y dejan de lado parte de su riqueza socio-cultural e historiográfica a pesar del esfuerzo económico de la Consellería de Cultura de la Xunta de Galicia para realizar su estudio.
Es evidente que el trabajo de campo no se ha llevado a cabo con la suficiente diligencia y, prueba de ello, son las distintas alegaciones que diversos colectivos culturales y ayuntamientos han interpuesto y que investigadores y distintos técnicos venimos constatando.