Centenario de una joya arqueológica

Suso Varela Pérez
suso varela LUGO / LA VOZ

LUGO

KSADO

José María Penado descubría en 1914 el monumento lucense más enigmático, Santa Eulalia de Bóveda

14 dic 2014 . Actualizado a las 05:02 h.

El cura José María Penado Rodríguez (1901-1975) encontraba en 1914 las primeras señales de la existencia del monumento que hoy conocemos como Santa Eulalia de Bóveda, enterrado debajo del cementerio parroquial. Lo notificaba a las autoridades lucenses, aunque no sería hasta 1926 cuando comenzaron los trabajos en serio de excavación de lo que sería una joya de la arqueología, que desembocaron en junio de 1931 en la declaración de Monumento Histórico Artístico nacional. El Obispado de Lugo recuerda este hecho y a su protagonista, al que quiere reconocer su aportación en la historia reciente de un monumento cuyo origen es tardorromano (siglos III-IV).

Enrique Jorge Montenegro Rúa, quizás a día de hoy el mayor especialista en tan singular monumento, señala en el imprescindible volumen editado por la Xunta en el 2008 que la Real Academia Gallega, que publicó la primera noticia de su descubrimiento en su boletín de septiembre de 1926, hacía referencia a la manera en que fue hallado en 1914: «Hace unos años que el párroco, al hacer rebajar el terreno del atrio, observó que cedía el piso en algunos lugares, y guiado por la tradición de que allí se encontraba sepultada una iglesia, excavó, descubriendo algo que le parecía digno de conservación y algo que juzgó prudente rellenar de piedras y escombros. (...) Practicó el aludido sacerdote una abertura en el terreno, por la que cabe un hombre, y facilitó con peldaños el descenso a la parte libre del subterráneo. No se sabe que haya dado cuenta a nadie del descubrimiento, y así este no trascendió por entonces; pero hace un par de meses, comenzó a divulgarse el secreto, por varios conductos». Montenegro apunta en un estudio de la revista Croa que en 1970 Celestino Fernández de la Vega, en un mítico y controvertido artículo, aludía «a un hipotético saqueo de materiales que impediría una adecuada investigación, «sobre todo supongo que debido al número de años transcurridos desde su descubrimiento hasta que lo dieron a conocer a la opinión pública».

La propia Real Academia señalaba que en 1926 se hacía público un secreto a voces: «Fue cuando comenzó a divulgarse el secreto, por ?varios conductos?. No se sabe con certeza cuáles fueron, ni dónde están, los hallazgos de estas primeras exploraciones, que pudiéramos llamar clandestinas de 1914». Pero Montenegro resalta las palabras de otro gran especialista y divulgador de Santa Eulalia de Bóveda, Nicandro Ares Vázquez, quien sale en defensa del párroco Penado Rodríguez. «Es más, considera desafortunado que nunca se haya reconocido su valía como descubridor del edificio subterráneo». El cura que destapó Bóveda era oriundo de San Pedro de Calde. «Un familiar cercano de José María Penado, tal vez su abuelo, le comentó cuando se enteró que iba a ser destinado como sacerdote a Vilachá de Mera que había otra iglesia bajo la parroquial de Santa Eulalia de Bóveda», relata Montenegro Rúa. La posible confirmación de este hecho con la vecindad y, sobre todo, tras el estudio del libro de fábrica le llevaría a sondear el terreno a la mínima oportunidad.

Analizados más documentos, Montenegro llega a la conclusión de que difícilmente el ahora recordado cura de Bóveda en 1914 pudiese acceder a la totalidad del monumento que hoy conocemos, y solo podría acceder a una parte por la existencia de un muro. ¿Qué paso de 1914 a 1926 para que no se tomasen medidas oficiales? Otro enigma más que sumar a las interpretaciones sobre el uso de este monumento. Sí ha quedado constatado que en 1926 se agilizaron todos los medios posibles en aquel momento para limpiarlo, conservarlo y catalogarlo.

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