«Sigue viéndose mal que busquemos a los nuestros»

Ester García, sobrina nieta del antiguo alcalde de O Incio asesinado en 1936, denunció el caso en el consulado de Argentina


monforte / la voz

Ester García Díaz (primera por la derecha en la imagen) es sobrina nieta de Manuel Díaz González, médico y antiguo alcalde de O Incio que murió asesinado en septiembre de 1936. La semana pasada denunció la muerte de su tío en el consulado de Argentina, junto con otros parientes de víctimas gallegas de las represión política durante la guerra civil y el franquismo.

-¿Qué espera su familia con esta iniciativa?

-Lo que esperamos sobre todo es recuperar los restos mortales de mi tío abuelo y enterrarlos dignamente con su familia. Ya se intentó hace tiempo, pero no se consiguió. Y también que haya una reparación moral. No pretendemos que se encarcele ahora a nadie por algo que pasó hace tantos años y además los autores del crimen ya habrán muerto hace mucho. Pero denunciar el caso supone que aquello no queda impune, aunque sea a un nivel simbólico. No buscamos ninguna venganza ni esto tiene una motivación política. Es una cuestión de afectividad de familia.

-¿Por qué denuncian el caso en Argentina?

-Porque en España estas iniciativas no salen adelante. El juez Garzón quiso investigar las represalias políticas del franquismo y ya se vio en qué quedó aquello. No entendemos que aún hoy se siga viendo mal que busquemos a los nuestros, que una persona quiera recuperar los restos de un pariente y que se reconozca que fue víctima de la violencia política. Parece que somos muy malos por querer dar una sepultura digna a nuestros familiares y rehabilitar su memoria.

-¿Qué impacto tuvo en la familia la muerte de Manuel Díaz?

-Causó muchísimo sufrimiento y marcó a la familia por muchos años. Cuando fue asesinado, tuvo que enterrarlo a escondidas y de noche un tío mío que entonces tenía solo 17 años. Solo por haber enterrado a su tío fue perseguido y tuvo que marcharse de O Incio. La casa familiar fue asaltada y saqueada. Fueron detenidos todos los hombres de la familia, que era muy numerosa. Algunos que eran maestros no pudieron volver a su trabajo. Los hijos que estaban estudiando tuvieron que dejar los estudios y ponerse a trabajar. Se fueron todos de O Incio, a Lugo y después a otros lugares, y ninguno volvió a vivir allí. No fue solo que asesinasen a una persona. Todo lo que acompañó aquello fue algo macabro y horroroso que causó mucho dolor a muchas personas y que alteró sus vidas para siempre.

-¿Cómo es la imagen de Manuel Díaz que ha quedado entre sus parientes?

-La de una persona digna y casi la de un héroe. Él y otros que corrieron la misma suerte fueron gente idealista y muy noble que quería un mundo mejor y que estaba con la legalidad. No hace falta que le devuelvan su dignidad, porque nunca la perdió. Los que esperamos es que se reconozca la injusticia que sufrieron él y sus familiares.

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