Tiene razón un amigo mío en evitar telediarios y demás noticias, porque solo le producen depresión. En los últimos días solo el Concello de Lugo nos dio una buena noticia entre las múltiples y deprimentes al uso. El superávit de seis millones de euros es una buena nueva en estos tiempos de recesión brutal. Pero no por ello Orozco se libra de su imputación judicial, aunque esté excluido del caso Campeón. No es el caso de Conde Roa, al que su propio partido tuvo que echar a gorrazos de la poltrona municipal de Santiago para que el escándalo no fuese a mayores. Pocos políticos con poder se libran de esta presunta plaga de corruptelas.
Por otra parte, la emigración lucense bate sus propios récords con más de 1.500 personas en 2011. Mientras, los próceres de las antiguas cajas de ahorro gallegas y autores del desfalco más grave de nuestra historia comunitaria siguen paseándose a sus anchas, sin devolver un euro de sus increíbles «indemnizaciones».
Menos mal que su majestad pidió disculpas por su «error», porque lo cotidiano de sus cacerías y fracturas, como los desmanes de sus yernos, ya forman parte del paisaje cotidiano del país. Mientras los brutales recortes de sanidad y educación hacen cola en el BOE a golpe de decreto y ejemplo del ordeno y mando, el país se hunde cada día un poco más, como en el centenario del Titanic, aunque, eso sí, hay que reconocerle al gobierno la vocación de la propia orquesta del trasatlántico más famoso tocando todas las melodías de los eufemismos posibles, con el agua al cuello.