Los santos abandonan el manicomio

Xosé Carreira LUGO / LA VOZ

LUGO

La Diputación cede al obispado todo el material de la capilla del viejo centro San Rafael

25 mar 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Como un buen capitán, fueron los últimos en abandonar la nave. San Rafael, San Vicente de Paul y las vírgenes Milagrosa y del Carmen dejaron para siempre la capilla del manicomio de Castro. Ya tienen nuevo dueño. Son del Obispado de Lugo porque la Diputación Provincial los cedió a la institución religiosa después de la estampida generalizada que hubo en el centro psiquiátrico como consecuencia del cierre que tuvo lugar a mediados del pasado mes de febrero.

En los últimos días, la capilla del centro fue vaciada por diversos operarios. En este recinto de culto católico estaban no solo los santos sino que había además unos veinte vestidos de cura, entre ellos casullas, dalmáticas y túnicas; un vía crucis con catorce estaciones de madera con los números romanos en dorado, más de una veintena de bancos, una vidriera ovalada de cristal de colores, un cirial metálico, 15 reclinatorios, dos confesionarios, dos altavoces, tapetes de ganchillo, un mueble de madera donde se guardaba el vino de misa, el hisopo y un incensario. En fin, toda una lista de artículos que previamente fueron inventariados por el organismo provincial

José Díaz Rodríguez, el veterano cura de Arcillá, que llevaba muchos años misando en la capilla, dejó de hacerlo a mediados de febrero. Ahora ya no queda nada en el recinto que algunos domingos registró una gran afluencia de fieles.

Después de que también fuera aprobado un convenio de cesión de otros materiales al Sergas, la Diputación exige a la Xunta apoyo económico y político para que continúe la actividad en este centro, para lo cual el organismo provincial está dispuesto a ceder las instalaciones para que «non se produza un impacto económico e social negativo, nin unha perda de poboación significativa no Concello de Castro de Rei».

El grupo de gobierno de la Diputación entiende que no debe permitirse que el hospital se quede en el olvido como sucede con el viejo Hospital Xeral Calde, que es en la actualidad como un fantasma.

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