Lucense, cuidado con el infarto

Manuel Piñeiro< / span>

LUGO

Dicen, con razón, que el poder corrompe. Para que esa corrupción sea más perceptible, no hay mejor ocasión que una campaña electoral. Todos los candidatos prometen el oro y el moro. Luego, de lo dicho, nada de nada. Por eso, carecen de credibilidad. Por eso, nos toman el pelo o por tontos. Y no es demagogia, sino la pura realidad. Ejemplos, a gogó. El señor Feijoo, por ejemplo, se dio una vuelta por Asturias en plena campaña. Ni corto ni perezoso, se postuló por el AVE del Cantábrico. Y se quedó tan ancho, olvidándose de su tierra a la que le toca defender. ¿Dónde están o quedan aquellas urgencias por finalizar o exigir cuanto antes el tren de alta velocidad para Galicia? ¿Y el tramo Lugo-Ourense, para el que adelantaría el dinero la Xunta? Pero, claro, eran otros tiempos y estos de ahora están inmersos en plena recesión, pese a que saca pecho por lo bien que nos administra, obviando que la deuda de Galicia se incrementó en sus casi tres años de mandato de 3.900 millones de euros a los 6.900. O sea, más de un setenta por ciento. Como el paro, que se incrementó en más de 70.000 personas, hasta rozar los 275.000. Él, que en quince días iba a bajarlo drásticamente. ¿Recuerdan?. Pero si todo esto es grave, mucho más lo es cuando se pone en serio peligro la vida. Ahora que descubrimos que el índice de mortalidad de los infartos en Galicia se rebajó un 50% por los servicios de hemodinámica de los hospitales de Coruña, Santiago y Vigo; paradójicamente los lucenses quedamos a la intemperie de esta mejoría sin la llegada al HULA de esa unidad. Como las de radioterapia y medicina nuclear, que iban a ser instaladas en el 2011. Por eso, recemos para no sufrir un infarto. Cada lucense tenemos una desprotección tercermundista porque al señor Feijoo ya no le preocupan nuestros votos hasta las próximas elecciones.