Los nuevos pacientes de Calde no tuvieron salidas en su primer día

Dolores Cela Castro
dolores cela LUGO / LA VOZ

LUGO

A los trasladados del psiquiátrico de Castro se unirán más residentes

16 feb 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

El hospital de Calde, que ayer comenzó a funcionar como psiquiátrico, con 79 residentes con una media superior a los 65 años, empezará a recibir en breve nuevos pacientes, según señaló el jefe de servicio de Psiquiatría, Luis Vila Pillado, que supervisó directamente el traslado. Por el momento no hay ningún ingreso previsto a este centro, que será referencia en la provincia, ni tan siquiera traslados de la unidad de agudos del HULA.

En la primera jornada en Calde no hubo salidas del recinto hospitalario. La dedicaron a conocer el nuevo entorno. En el programa de los próximos días figura enseñar a los residentes que estén en disposición de hacerlo a coger el autobús y a desplazarse a Lugo. Irán ganando independencia, según explicó Vila Pillado, a medida que vayan consiguiendo autonomía. El objetivo último, según dijo, es intentar su integración en la sociedad, volviendo a su pueblo, a su casa o a una pensión.

En Calde no habrá puertas cerradas. Solamente las tendrá la unidad de cuidados especiales, que aprovecha las antiguas dependencias de la de agudos que ahora está en el Lucus Augusti. Tendrá el cerrojo echado únicamente cuando algún paciente lo requiera puntualmente, según explicó el psiquiatra.

Vila reconoció que los antiguos internos de Castro tendrán que pasar un proceso de adaptación a las nuevas instalaciones, donde disponen de gimnasio, invernaderos y talleres, al igual que en el centro antiguo. Se incorporan una sala de audiovisuales, la biblioteca y un aula de informática.

Los residentes ocuparán mayoritariamente habitaciones de dos y tres camas, aunque también hay alguna individual. A diferencia de Castro, en cada estancia habrá cuarto de baño.

Llantos y pitidos al bajar del bus

Los primeros pacientes llegaron a Calde pasadas las diez de la mañana. Viajaron ordenados según la unidad a la que iban destinados: residenciales por un lado y el resto en otro autocar. Hubo uno de los residentes de Castro que lo trasladaron en ambulancia porque se negó a subir al bus con el resto de sus compañeros. Todos traían bolsas de plásticos con algunas pertenencias, las imprescindibles. El resto lo cargó una empresa y lo repartió por las dos plantas de Calde. La mayoría de los recién llegados al centro estaban deseosos de fumarse un cigarro y lo encendieron nada más bajarse del bus. Otros preguntaban dónde tenían sus cosas, como una señora que quería saber el destino de su hasta ayer, inseparable radiocasete. No faltaron los llantos ni quien pidió una silla de ruedas porque no quería subir escaleras.