Dedicar una calle

Abel Veiga Copo

LUGO

Los pueblos y las ciudades viven a través de la historia y la presencia de sus hombres, de sus gentes que formaron parte de un espacio, una sociedad, un pasado y nos legaron lo mejor de sí mismos, cada uno en su faceta, en su ámbito, en su dedicación. Honradez, entrega, generosidad, desprendimiento, y sobre todo acción a favor de vecinos y de la ciudad.

Con la muerte de Manuel Fraga el grupo popular ha solicitado al Ayuntamiento que una de las calles de la ciudad lleve su nombre. En descargo de tal petición lo que el ex presidente de la Xunta hizo por la ciudad a lo largo de sus años de gobierno. Luces y sombras, aciertos y errores, pero ahí queda el legado de lo que los distintos presidentes han ido haciendo para mejorar el bienestar de Monforte. Cada cual que juzgue.

Pero pronto salta la polémica, la confrontación política y partidista. El no saber si apoyar los otros dos grupos la iniciativa, no ciudadana sino surgida desde un partido político, a favor o en contra de dedicar a Fraga una calle. Pronto surge el instinto político y la defensa de ideales que poco o nada tienen que ver con la acción de homenajear a una persona. ¿Quiere la ciudad dedicar una calle en tal sentido? ¿Cuáles son los criterios de tal homenaje en otras ocasiones? ¿Por qué a un político cuesta tanto que se le reconozca su dedicación y servicio durante años? Seamos personas, no meras máquinas. Quien decida que decida pero no con criterios políticos. Hay muchos monfortinos que se han entregado en cuerpo y alma por esta ciudad. Les recuerdo uno, el escolapio Padre Esteban, sesenta años de su vida.