La primera cosa que hago esta mañana, al salir de casa, es ir a mi entidad financiera a saber por qué me soplaron de la libreta 45 euros por comisiones de mantenimiento, así, sin previo aviso. Resulta curioso, pagué para reflotar este banco y parece que debo seguir pagando para mantenerlo a flote.
Setenta de cada cien familias en Galicia las pasan canutas para llegar a fin de mes y un ejecutivo, desde un despacho, decide que si no queremos que nos apliquen la comisión hay que tener dos tarjetas con un gasto anual mínimo de 3.500 euros. Mi padre de 85 años y con la «visa». Si no sabe ni de qué color es. Una viuda, pensionista de la agraria, dedicando el 33,5% de sus ingresos anuales para mantener dos trozos de plástico de colores. ¿En qué piensan para adoptar estas políticas comerciales tan depredadoras? ¿Solo en beneficios y dividendos?
Subidas de impuestos, pensiones y sueldos congelados y una ley de cuidados para personas mayores paralizada, de futuro incierto; piensan que todo el monte es orégano. No nos queda otra que ahorrar. ¿Y así nos tratáis? Unas sucursales devuelven el dinero y otras dicen que no es potestad suya. Tenemos que llorar, invitar al director a comer, no llevar a nuestros padres en muletas. Sé que lo bancos no son hermanitas de la caridad pero estamos llegando a un punto en que gobiernos y banca van a cargarse la gallina de los huevos de oro. En el sistema bancario esa gallina se llama confianza. Seguid instalados en el puro comercio indolente y llegará ese día en que la perdáis.