Más de un centenar de mujeres que trabajaban en el Eros, el Queens (solo en este establecimiento hubo ocasiones en las que el número de empleadas superaba ampliamente el medio centenar) y el Colina, tuvieron que arreglárselas, sin ningún apoyo social, para seguir sobreviviendo tras el cierre de los clubes. Quedaron en el olvido, a pesar de ser las explotadas. Muchas tuvieron que vivir de la caridad y continuaron prostituyéndose. No hubo ningún plan de reinserción. En su día, una de las afectadas, reconocía que la mayoría estaban de nuevo trabajando en otros clubes de alterne, muchas clandestinamente y todas con el miedo en el cuerpo de encontrarse con algún «recado» por parte de los muchos implicados en la operación Carioca. Se sienten amenazadas y totalmente desprotegidas. Aunque suelen mantener en secreto los lugares de trabajo saben que en el mundo de la prostitución todo es posible.