Mein Spanien bonita

Ramón Rodríguez

LUGO

07 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Recuerdo aquel verano en Mallorca. El aeropuerto era un hervidero de autobuses para trasladar turistas a los hoteles. A la mañana siguiente nos topamos con una horda de alemanes que se abalanzaron sobre las bandejas del autoservicio del desayuno. Salchichas de todos los tamaños y colores, panceta, mortadela y mantequilla. Algunos incluían dos rodajitas de tomate y dos cucharadas de muesli. Con semejante vitualla dormitaban luego en la playa en las horas asesinas del sol. En la cena, un camarero, con gorro de cocinero, se asomaba al ojo de buey de la puerta del comedor haciendo muecas graciosas para entretener su espera. El resto de la noche se perdían en discotecas y chiringuitos por cuyas barras resbalaban enormes jarras de cerveza y de madrugada, mientras aliviaba mi intestino de los embates del zumo de naranja sintético, hacían el amor escandalosamente en la habitación de al lado.

Hablemos ahora seriamente. ¿Para esto debemos sacrificarnos y aplicar, sin más demora, las reformas necesarias que pide la señora Dorotea Merkel a Rajoy? ¿Para esto pide el señor Mas a los catalanes sangre, sudor y lágrimas? ¿De verdad toca tirar de tijera porque no hemos hecho los deberes? Berlín se endeuda más, sus políticas sociales ocupan el primer lugar del presupuesto para el año 2012. Inmobiliarias alemanas con fuertes planes de expansión en España. Pero, si es que hasta aumentan el gasto en defensa. ¿Es esta mi Europa sin fronteras y solidaria? Más bien es la Europa de los mercaderes. Por lo demás, ellos a lo suyo: «¡oh, Malorca!».