Naturalmente

LUGO

12 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Si es que van provocando. Le buscan las cosquillas al prójimo. Y luego pasa lo que pasa. Hasta un hombre de pensamiento zen que camina en sentido contrario al del enfrentamiento acaba siendo succionado por la espiral de violencia. No es que tenga mal perder. Es que pierde el oremus, los papeles, la cabeza y e incluso el sentido. Es lo que le pasó al atribulado Mourinho. No había pizca de saña en su ya lejano dedazo a Tito Vilanova. Lo dice desde la supuesta reflexión que dan dos meses. ¿Cómo iba a actuar con ferocidad hacia alguien cuyo nombre ni siquiera conocía? Reconoce que quizá haya actuado mal, pero que, en todo caso, lo hizo de «forma natural». Mou se vio arrastrado por ese instinto primario que hubiera llevado a cualquiera a estampar su huella dactilar en la córnea del malvado Vilanova. Naturalmente. Usando sus propios argumentos, el técnico number one quizás pueda llegar a ponerse en el lugar de Alves o de Busquets e interpretar que los piscinazos de los dos culés son fruto de ese impulso irrefrenable de avanzar hacia la victoria por lo civil o lo criminal, que diría Aragonés, y ver que sus fingimientos no son tan diferentes de los del merengue Di María. Son comportamientos naturales. Humanos. Aunque no acaban de entenderlo aquellos espectadores que, instalados en territorio neutral, ven cómo los Barça-Madrid se convierten en una tangana. Basta con ver uno de estos duelos en un bar perdido de un país extranjero, lejos de la pasión centrífuga que genera la Liga española. Pero el inefable Mourinho sigue presumiendo de ver la paja en el ojo de Vilanova y no la viga en el propio. Pero sin acritud. Naturalmente.