Corría el mes de abril del 2002 cuando «volví a descubrir» a Lucía Pérez. Digo esto porque aunque ya la había visto anteriormente en programas y concursos de televisión, fue en ese momento, mientras observaba el programa Luar, cuando se me vinieron a la cabeza aquellas imágenes de una joven niña con aparato dental que irradiaba buen hacer encima del escenario pese a su corta edad. Lucía había crecido, había cambiado, pero seguía demostrando un gran aplomo encima del escenario y unas dotes atípicas en una persona de su edad. Todo ello, mezclado con el sentimiento que ponía en cada interpretación, no pasó desapercibido para mi, que a día de hoy sigo igual de ilusionado con aquella «pequeña», o más incluso.
Han pasado nueve años en los que pude compartir con ella tantos y tan buenos momentos... Lucía se crece día a día y en estos años de esfuerzo todo ha sido lucha por su parte, una lucha constante y continua en la que poco a poco ha ido cosechando lo que a día de hoy tanta gente está descubriendo. Otros, como yo, lo hemos disfrutado y descubierto a lo largo de esta trayectoria y solamente puedo resumirlo en una palabra hacia ella y todo el equipo humano y profesional que ha estado con ella: Gracias.
A unas horas de subirme al avión que me lleve hasta Dusseldorf, solo puedo reiterar mi agradecimiento a tanta gente que ha compartido conmigo este camino, un camino del que siempre digo «está empezando, nos queda mucho por andar...». De momento, la próxima parada es Alemania, y ¡Que nos quiten lo bailao! Gracias Lucía.