Un barrio casi fantasma

laura lópez LUGO / LA VOZ

LUGO

El traslado del Xeral deja calles desoladas y negocios vacíos

10 feb 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Ni un alma se ve por las calles del barrio de la residencia estos días. De aquellos bares y establecimientos llenos, atascos y ni un centímetro libre para aparcar el vehículo nada queda. Hoy el barrio se ha convertido en una zona casi fantasma. Lo dice Felicitas, una señora que lleva media vida en la zona -llegó antes de que se construyese el Xeral-, y asegura, mientras trabaja una huerta, que incluso había más vida en el lugar antes de la construcción de la residencia. «A xente está triste», afirma. Una frase que se repite con mucha frecuencia en el vecindario. Otra lugareña, Carmen Baamonde, comparte esta visión. A sus 83 años, pasea a diario por la zona: «Prefería como estaba antes, que se vía xente, e non molestaban. Eu inda daba algo de cartos para que volvera o hospital», explica.

Los pocos transeúntes que circulaban ayer por la calle eran vecinos o gente perdida. Entre ellos, una trabajadora de un laboratorio farmacéutico que buscaba información para llegar al nuevo hospital: «Llevo viniendo al hospital ocho años y hoy (por ayer) es la primera vez que encuentro sitio para aparcar», cuenta esta mujer. De hecho, se ven muchas plazas libres.

En los negocios, los comerciantes afirman que la caja ha bajado entre un 40 y un 90%. Afecta a todos por igual. Por ejemplo, en una peluquería de la zona, su dueña, Carmen Fernández, explica que esperan que el nuevo uso que se le dé al recinto del hospital viejo ayude. Por ahora, cuenta que perdieron mucha clientela: «Os secados rápidos, ou os cortes, perdémolos. Se as cousas seguen así, teriamos que prescindir dunha empregada, pero esperemos non chegar a este extremo», añade.

También en los supermercados notaron un bajón, y una sola cajera se arregla con el volumen de clientes, algo impensable hace unas semanas.

Mimar a los clientes

En medio de ese paisaje desolador, hay quien tiene una visión más optimista de la situación. En una cafetería de la zona explica que la solución no es quejarse, sino renovarse para que el negocio no decaiga: «Hay que mimar al cliente del barrio para que siga viniendo. Claro que bajó la clientela, pero nosotros lo concebimos como una etapa de transición que esperemos que pase pronto. Mientras tanto, hay que ofrecer el mejor servicio».

Otro de los aspectos que destaca esta hostelera, es la necesidad de que los negocios se apoyen unos a otros. «Hay que consumir más en el barrio, hacer aquí las compras, tomarse aquí el café e ir a la peluquería, todo ayuda».