El pope que lo filma todo y bien

Miguel Anxo Fernández

LUGO

24 ene 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

MÁS ALLÁ DE LA VIDA

Director: Clint Eastwood. Intérpretes: Matt Damon, Cécile de France, Lindsey Marshall.

Lo único que se puede reprochar a Clint Eastwood es haber llevado su versatilidad al extremo de aceptar un filme como Más allá de la vida, no tanto por el tema (muy grato al mercado anglosajón y sus obsesiones new age), sino por haberse plegado al cine de efectos especiales, realmente bien resueltos (la secuencia del tsunami asiático en las Navidades del 2004 es tan brillante como sobrecogedora, como la del metro de Londres que apenas sugiere) y bien administrados (las visiones del parapsicólogo Matt Damon y Cécile de France no empachan). Añádase a eso otro reparo con un punto demencial (en absoluto compartido por este crítico), un desenlace que Disney hubiera comprado con los ojos cerrados. Esa teoría caduca de que todo drama con final complaciente es un cuento chino?

Queda claro que Más allá de la vida es una muy notable película, aún sin llegar a la altura de obras recientes de Eastwood desde su memorable Sin perdón, más que nada porque se mueve mejor en otros territorios (sobre todo wéstern, thriller y drama, aunque con Cartas de Iwo Jima sirvió un bélico magistral). El fantástico es cosa de Spielberg y Shyamalan por citar a algunos que se habrían movido muy cómodos con este material. Y si no llega a magistral es por haber rechazado la línea pirotécnica y ruidosa para rebajarla a la más arriesgada alternativa del realismo verosímil. No hay virguerías visuales, secuencias ensordecedoras y recursos que hubieran atraído al target juvenil en el que todavía Matt Damon mantiene buenos réditos gracias a su personaje de Bourne. Un registro que está en las antípodas del atormentado protagonista que, a raíz de un accidente cerebral en su infancia, adquirió la facultad de hablar con los muertos.

Lejos de forrarse con ello, vive atormentado y advierte que lo suyo «no es un don, es una maldición». Le basta con coger las manos a alguien para sacarle sus antecedentes en materia de defunciones? Puede que Eastwood, al borde de los 80 y con una lucidez que nos reserva todavía un puñado de grandes películas (ya prepara Hoover), haya afrontado Más allá de la vida con la intención de demostrar que se puede hacer cine digno sin gastarse la mitad del presupuesto en efectos digitales, y sin el recurso a la chorrada y a la impostura. Prejuicios fantásticos aparte, es digna de ver.