Sin saber aún muy bien lo que está pasando, la ciudad se convulsiona. Sus ciudadanos asisten atónitos a una cascada de noticias y acontecimientos difíciles de digerir por aquellos que estaban acostumbrados a la monotonía de una pequeña capital, donde casi nunca ocurría nada excepcional. De pronto, esa tranquilidad se rompe. Se inician actuaciones judiciales en diversos ámbitos de la vida social, que van subiendo en intensidad. Y llegamos a la misteriosa Operación Carioca. Desfile de detenidos e imputados del florido abanico social lucense. Salen a relucir miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado; profesionales liberales, empresarios, y lo que se publicó que será la «etapa política». Hay tensión y nerviosismo. Casi nadie se fía de la privacidad de sus conversaciones telefónicas, y se preguntan quien será el siguiente en comparecer ante Su Señoría.
Paralelamente, se abre otro frente de no menos calado. Dos Asociaciones de Vecinos, la de las Cuestas del Parque y Alpul, convulsionan la vida política y ponen en entredicho las actuaciones de nuestros dirigentes políticos. En una desigual lucha de David contra Goliat. Estas Asociaciones, prácticamente sin medios, ni personales ni económicos, muestran a los ciudadanos la fuerza de la ilusión, y lo que es tan importante, la fuerza de la razón. No son sospechosos de nada, por mucho que se les trate de descalificar. Es, precisamente, su desinteresada lucha la que pone contra las cuerdas a la capa más poderosa de la sociedad lucense, políticos y empresarios, que habían llegado a sentirse intocables, dueños de lo divino y humano, y que no saben como reaccionar ante éste inusual ataque. No es, como sería previsible, cosa de la oposición municipal, que realmente no existe, como si en todos los grupos municipales existiese un interés común, haciendo piña, cuando la razón nos haría pensar en un ataque furibundo, aprovechando la cercanía de los comicios municipales. Pero algo secreto, ó quizás no tan secreto, los une en una complicidad difícil de entender, y mucho más, de justificar.
Se ciernen negros nubarrones sobre las cabezas de nuestros políticos. Ante las primeras críticas y acusaciones que recibían, respondieron, no como cabría esperar, con sensatez y argumentos, sino con insidias e insultos, lo que les valió la primera imputación judicial. A partir de ahí, el alcalde se escabulle, y deja solos, frente al peligro, a los Delegados de Urbanismo, y de Policía. No soporta, quien es pura imagen del populismo, el galopante desgaste que está sufriendo, y por ello, se parapeta detrás de sus escuderos que le protegen la vida, pese al riesgo de perder la propia.
El espectáculo, es patético. Una tras otra, las resoluciones judiciales de diferentes Tribunales, sino atisban indicios de delito en concretas actuaciones, claramente ponen en el punto de mira al Alcalde y demás cargos municipales. La justicia, aún existe. Y cada día sabemos más cosas. El pueblo empieza a conocer como se ha "cocinado" ese filón de oro que es el Plan Xeral. Vemos con incredulidad como algunos de los gobernantes, de una forma descarada multiplican el valor de sus propiedades ó se beneficia escandalosamente a sus allegados. Como ocurre siempre, el beneficio obsceno de unos pocos, es el perjuicio económico de muchos.
Lugo huele a corrupción. Ya sin vergüenza, esa maldita palabra hace su aparición en los Juzgados, en la prensa, en los comentarios de los ciudadanos. Creíamos que esto era como la muerte: Siempre le ocurre a los demás, pero nunca nos toca a nosotros. Y de repente, nos diagnostican la peor y más asquerosa de las enfermedades democráticas. Y si la noticia es grave, más preocupante aún, es que los análisis que se van conociendo, confirman lo inevitable: hay metástasis. El cáncer esta tan extendido y desde hace tanto tiempo, que solo, los más expertos cirujanos, serán capaces, no solo de extirpar, sino también de limpiar, ese putrefacto tumor.Pero hay razones más que suficientes para la esperanza. Tenemos en nuestra ciudad los mejores cirujanos del país. Aúnan juventud con preparación, y no les tiembla el pulso cuando tienen que hundir el bisturí. Poseen la paciencia necesaria para invertir todo el tiempo preciso en eliminar todas las células cancerígenas, aunque se escondan en los lugares más remotos de la anatomía corporal. Dejemos pues, trabajar con tranquilidad a los especialistas, y ayudémosles en todo lo que esté en nuestra mano.
Es evidente que la sociedad se despereza. Por ello, no queremos dejar de felicitar a quien, en un acto de valentía, digno de encomio, ha denunciado actuaciones presuntamente delictivas que ocurrían en un Ayuntamiento de nuestra provincia. Ese es el camino. ALPUL pide a los ciudadanos que no se limiten a leer y escuchar lo que sucede. Seamos activos, pues esta empresa es de todos. Denunciemos todas aquellas actuaciones irregulares ó delictivas, de las que tengamos conocimiento. Si cunde el ejemplo, daremos un profundo cambio, a ésta, nuestra moribunda sociedad. Lugo, no ha tenido, ni tendrá en muchos años, la posibilidad que ahora se nos presenta. No la desaprovechemos.