Contra el Obradoiro, se perdió dignamente. ¿Qué pena, verdad?, que el Breogán en la LEB se conforme con tan poca cosa. Es el mejor exponente del declive de este club histórico, hasta no hace mucho orgullo de esta ciudad, al que unos cuantos han utilizado y ahora no saben cómo quitárselo de encima. También querrán que se les agradezca el favor. Pero la Liga continúa, y tiempo tendremos de hablar de este asunto. La liga, precisamente, nos lleva esta tarde a Huesca. Compañero de fatigas tantos años en ACB y que trata de emerger tras un proceso parecido al nuestro. Qué interminables viajes, pernoctando en Palencia, y qué tremendos partidos en el viejo pabellón, ¡cuántos recuerdos! Pero la cruda realidad nos dice que de los recuerdos no se vive, y uno y otro forman en el pelotón de los torpes. Que lo haga Huesa, recién ascendido, parece normal; absolutamente anómalo lo del Breo. Y no es exagerado decir que al pie de los Pirineos se juegan muchas cosas. Basta ya de arrastrarse, basta ya de conformismo y basta ya de cuentos. Esta plantilla da para mucho más, y lo sabemos todos. Ganar es una obligación para empezar a respirar. Las consecuencias de una derrota solo las sabe quien tiene todo el poder en las decisiones deportivas. Pero la cultura de los dos últimos años, en los que nunca pasa nada y es igual ganar que perder, hay que desterrarla. Esperamos una victoria, la deseamos. Traería calma, que buena falta hace. Pero si se produce, que en ningún caso traiga más conformismo.