La inminente celebración del aniversario de la declaración de la Unesco es ocasión para repasar todo lo hecho y también lo que queda por hacer en la Muralla romana
14 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El arqueólogo Enrique Alcorta lo dice alto y claro: «La declaración no es un final, es una excusa para... Difundir, divulgar... No sé, los arqueólogos tenemos nuestro papel y los demás, el suyo». A lo largo de estos diez años los arqueólogos han descubierto escaleras, cuerpos de guardia o canalizaciones y, lo que es más importante, han colaborado para que las imágenes de cubos y tramos en el suelo por un derrumbe pasen a la historia. Como acostumbra a decir el responsable del mantenimiento del monumento desde hace más de 25 años, Ignacio López de Rego, han hecho un examen tan minucioso que ahora pueden adelantarse a los achaques de la construcción para evitar los problemas.
¿Pero qué han hecho «los demás», como dice Alcorta? Es obvio que, en primer lugar, han aportado la financiación -con independencia de la cantidad, para muchos insuficiente- que permite a arqueólogos y arquitectos hacer su trabajo. A continuación, se dio un paso adelante en el mantenimiento al tratar de erradicar la maleza de la Muralla, sobre todo en el caso de arbustos y especies de raíces gruesas. La construcción pasa muchos meses cubierta de hierbajos, pero ya no crecen árboles, como sí ocurría antes. Otro paso de gigante fue la instalación de las 384 lámparas del adarve que -cuando no están estropeadas- realzan el monumento casi tanto como la iluminación exterior.
Lo que queda
«Se ha limpiado, iluminado, despejado, investigado, puesto en valor... Se ha hecho mucho, pero también queda mucho», señala Alcorta haciendo alusión al entorno del monumento, mejorable en casi todos los tramos. A pesar de ello, sería injusto no destacar el esfuerzo que está haciendo el Concello para transformar fincas abandonadas en jardines y ampliar la extensión del denominado paseo interior de la Muralla, que se supone que el año que viene tendrá un nuevo tramo: desde la Praza de O Cantiño a la de Ferrol, cruzando por los jardines de la Diputación.
Al ambicioso proyecto del cinturón verde interior hay que sumar el del exterior: la peatonalización de toda la ronda. Hace ya tres años que se inauguró la primera parte de ese proyecto de futuro y ahora solo falta que se le saque el máximo provecho: instalando bancos y mobiliario urbano para que sea un espacio para los ciudadanos y no un aparcamiento, a excepción de los fines de semana.
«La Porta Miñá tenía unas posibilidades enormes, pero hay qué ver las casas que tiene enfrente, hechas polvo», critica Alcorta destacando que el entorno es, todavía, el punto débil del monumento. Siempre que haya financiación, la próxima década será la de la transformación de A Tinería en un barrio rehabilitado en todos los sentidos, colorido, moderno y con una imagen mucho más atractiva que la que muestra en este momento.
López de Rego cree que el paso fundamental es el de «contextualización de la Muralla en cuanto al foso o las puertas». El arquitecto también sostiene que hay que luchar por lograr la mayor extensión posible de peatonalización, «tanto interior como exterior», sin olvidar la parte de investigación y análisis del monumento, que aún puede dar sorpresas.