El derbi fue el reflejo de los estados de ánimo de dos equipos que están siguiendo trayectorias contrapuestas. Uno lo ha ganado todo y el otro llegaba al partido tras acumular cuatro derrotas.
El Breogán salió hiperactivo, bravísimo en defensa. En apenas cien segundos ya había acumulado cuatro faltas personales. El Obradoiro empezó acogotado, sin siquiera lanzar a canasta en los primeros ataques. Pero no se descompuso.
El colectivo de Moncho Fernández tuvo paciencia y tranquilidad, la que le reportan sus buenos resultados. Tomó la delantera y ya no la soltó, pese al arreón local en el tercer cuarto. Cuando se mascaba la remontada, el colectivo de Moncho Fernández volvió a apelar a la calma y la defensa. Abrió otra pequeña brecha y apuntilló, con todo a favor, a un rival que acusó el golpe.
Un colectivo jugó con el corazón y las pulsaciones a cien. El otro, con la cabeza y el pulsómetro en la mano, sin perder el norte.