Desconfianza

Ricardo Hevia

LUGO

Perder en casa se ha convertido en algo habitual. Y con las derrotas, cada vez se hace más amplio el catálogo de obviedades: «Trabajamos en la dirección adecuada». Qué vocabulario más tortuoso. Siempre enfadados con los discrepantes, cuando este juego ha sido igual todo la vida. Perder molesta y siembre dudas, y eso es lo que está pasando. No hay por qué subirse al púlpito para abroncar a nadie. ¿Es normal esta racha de resultados negativos? No, ni el equipo es tan malo. Normal, por tanto, el enfado de casi todos, menos de los que defienden su sueldo. Y todo ello, en un ambiente de frialdad, muy lejos de aquella presión que rodeaba al Breogán no hace mucho tiempo. Y lo bueno, o malo, es que hoy vuelve a haber partido. Esta vez en Girona, plaza ligada a la historia de los azules, aunque también a la historia feliz. Y este choque no es broma en vísperas de la llegada del Obradoiro. Ganar, un oasis de tranquilidad, aparte de sacarnos del furgón de cola. Palmar es afrontar el derbi autonómico con el corazón en un puño y los puñales volando. No es que el Sant Josep meta miedo. Empatado con el Breo a dos victorias, vive en el pelotón de los torpes. Son los nuestros los que inspiran una desconfianza ganada a pulso. Con seis partidos disputados, ¿quién es el base titular? ¿Quién es el líder de este equipo? ¿A quién le damos el balón? ¿Hay algo claro?