Si la realidad supera, a veces, a la ficción, no andaríamos muy lejos de reeditar otra novela de terror como esa obra maestra del británico Arthur Conan del siglo XIX, bajo el título del Perro de Baskerville . En ella su autor se cita con el mejor Sherlock Holmes, para enfrentarse al monstruo de Baskerville, autor de una catarata de asesinatos. La inolvidable pareja formada por Peter Cushing y Cristopher Lee le dio vida en el cine en 1959 bajo la batuta de otro experto del género, Terence Fisher. El escenario y el entorno están en el castillo de Pambre. El perro forma parte del reparto con el principal protagonismo, sin duda. Es una auténtica fiera (doy fe) y sus rugidos se oyen a decenas de metros de la entrada. A ningún visitante le pasan desapercibidos. Un vecino de Abegondo se convirtió en su segunda víctima en el último año. Sus colmillos casi le hacen perder la vida. Era uno de los muchos turistas que se acercan a contemplar los restos de este monumento. Y casi no lo cuenta. La Xunta, tan presta a poner en marcha las visitas al castillo, hace la vista gorda ante la presencia de un guardián tan singular como peligroso. Hay una evidente contradicción. Por una parte, se trata de incentivar el turismo rural a un lugar tan emblemático. Por otra, se deja al libre albedrío la presencia de una fiera. Que, si a veces, permanece atada, otras no lo está tanto. ¿A qué doble moral se juega? ¿Es necesaria la presencia de un animal tan peligroso si se permiten las visitas al castillo? En ese caso, una de dos: o se suprime el can, o se suprimen las visitas. Y una vez más, para concluir este absurdo, queda demostrada la inutilidad de las leyes en este país, porque su incumplimiento es obvio.