Si va al adarve, llévese una linterna

Gadea G.Ubierna LUGO/LA VOZ.

LUGO

Este martes se cumplen diez años de la instalación eléctrica sobre el monumento y, para celebrarlo, los lucenses tienen que caminar a oscuras en casi todo el trayecto

31 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Al igual que hacían los soldados encargados de defender a Lucus Augusti desde lo alto de la Muralla, los lucenses del siglo XXI también recorren a oscuras casi todo el adarve en cuanto se pone el sol. El motivo es que, a pesar de que en este siglo hay 384 lámparas instaladas en el adarve, la mayor parte de ellas no están encendidas o, directamente, no funcionan.

Todo el que recorra el adarve en sentido contrario a las agujas del reloj tendrá que andar con tiento porque en el tramo comprendido entre la Porta Nova y la Porta de San Pedro -Bispo Odoario, Porta Miñá, Porta Santiago, Bispo Aguirre y Campo Castelo- no funciona ni una sola lámpara. Lo peor de esta situación es que no es nueva ni puntual, la Muralla lleva meses entre tinieblas por motivos que la Consellería de Cultura o la delegación territorial de la Xunta tendrán que explicar a los lucenses. Y más en un momento en el que, aparte de celebrar el décimo aniversario de la declaración del monumento romano como bien mundial, también se cumplen diez años de la instalación eléctrica en el adarve.

El 2 de noviembre del año 2000, 28 días antes de conocer la decisión de la Unesco, el entonces conselleiro de Cultura, Jesús Pérez Varela, recorría bajo el paraguas un adarve reluciente en compañía del alcalde, José López Orozco, y otras autoridades locales. Acababan de iluminarse 384 lámparas y, en aquel momento, destacaron el cambio que supondría poder recorrer de noche el monumento con toda tranquilidad, y no solo para los miles de lucenses aficionados a pasear sobre la construcción romana, sino también de cara al turismo.

Diez años después, todos los turistas que han pasado por la capital y han probado a recorrer el muro de noche, se han visto abocados a un circuito entre tinieblas. Una imagen turística que dista mucho de la que, seguro, el conselleiro Pérez Varela quería transmitir en el año 2000, después de haber invertido 80 millones de pesetas (alrededor de 500.000 euros).

La falta de luz se mitiga en algunos puntos por el exceso de iluminación del exterior o, como ocurre junto a la Tinería, porque las farolas del carril do Moucho iluminan al caminante.

La potente luz anaranjada del Seminario Menor también alumbra el camino, aunque una vez superado este punto, no se ve nada. En Campo Castelo, por ejemplo, la oscuridad es tal que la Mosqueira puede llegar a pasar desapercibida.

Diez años después del encendido, queda claro que el mantenimiento de la Muralla deja mucho que desear.