La falta de programas de mantenimiento facilita el rápido deterioro de numerosas obras públicas a lo largo de la provincia
26 sep 2010 . Actualizado a las 02:00 h.En Lugo, ya se sabe porque lo dice el Concello de la capital, «somos así». Y por eso, como los de Lugo son así, toleran que la Administración desatienda el mantenimiento de las obras en las que se gasta el dinero de los lucenses, de los gallegos, de los españoles que contribuyen, que no son todos. En el «así» del modo de ser de los de Lugo, según interpretación institucional, va implícita la tolerancia al deterioro prematuro de sendas y pistas, calles y carreteras, señales, clubes fluviales y más. Es un mal que no entiende de colores políticos, un territorio en el que conviven amigablemente la izquierda y la derecha, o lo que sea a estas alturas lo que representan las grandes siglas de la política gallega. Las obras de peatonalización del casco viejo de Lugo, las rutas de senderismo y el cinturón comarcal son ejemplos recientes y pasados del deterioro de obras públicas en la tierra en la que sus gentes, según se ve, son «así» y lo toleran.
Francisco Cacharro
, el héroe caído del PP, el rostro de la derecha triunfadora en tantas batallas electorales, diseñó un día la carretera a la que se dio en llamar cinturón comarcal. Y, como buen cinturón, pronto estuvo lleno de agujeros. Apenas tapados, los socavones reaparecían una y otra vez y, finalmente, fue preciso reconstruir algún tramo. Joaquín García Díez , el alcalde suave, subió el tono un día (solo uno) y, con la sorpresa, los suyos le dejaron caer encima desde Santiago un montón de millones; con ellos reformó las calles del casco histórico. La obra fue tan grande y rápida como chapucera y el Ayuntamiento lleva años renovando lo renovado. En su carrera por hacer de Lugo una ciudad accesible, el socialista López Orozco hizo y deshizo rampas de acceso a las aceras en una calle sí y en otra también. Y donde no fue la ejecución de nuevos proyectos, fue la desidia en el mantenimiento la que ha convertido algunas de las rampas en trampas para peatones por sus losetas sueltas o levantadas.
En Lugo, la obra pública deteriorada, pagada con el sudor del contribuyente, anima a compartir la indicación que Cánovas, según relato de Galdós, le hizo a uno de los redactores de un proyecto constitucional. «Ponga usted que son españoles... los que no pueden ser otra cosa». En verano las sendas abiertas por la Administración están casi cerradas por la maleza y en invierno, desbrozadas; puentecillos recién construidos sobre regatos empiezan a perder tablas apenas terminados. Cabe esperar que las 3.000 señales que acaba de instalar en las carreteras provinciales el departamento que dirige Manuel Martínez en la Diputación duren lo que deben durar. No siempre tiene que ajustarse a la realidad la opinión expresada por Baroja: «Muchas veces se engaña el hombre de la calle porque supone al político de más inteligencia y más previsor de lo que es en realidad».
En Lugo, las obras dan mucho juego, así en lo político como en lo social. Hay una que el PP airea estos días aunque fue una iniciativa socialista: la del vial construido por el Ayuntamiento que enlaza los dos acceso al nuevo hospital desde la ronda este. El candidato del PP a la alcaldía, Jaime Castiñeira, amaga con llevar el asunto al juzgado, porque, según dice, la ejecución de las obras de la ampliación del proyecto técnico fue contratada cuando ya estaban ejecutadas. Castiñeira explora todas las vías a su alcance para llegar al despacho principal de la planta noble del consistorio. Castiñeira, para desalojar a Orozco, va a necesitar que acudan en su ayuda Núñez Feijoo y la Xunta, que son algo así como el Séptimo de Caballería de la tropa popular gallega. En apoyo de Orozco empiezan a movilizarse veteranos socialistas con mando institucional, como es el caso del ex edil y presidente de la CHMS Fernández Liñares , que anuncia un proyecto para la recuperación ambiental del río Mera.
En medio del ambiente de precampaña electoral que ya se respira a pleno pulmón en Lugo, la ciudad se prepara para celebrar sus fiestas patronales. Las cosas pintan bien, según parece, para la hostelería. Al menos así lo indican las reservas hoteleras y los precios en los principales establecimientos. El empresario Manuel Fernández , del hotel con encanto de A Tinería, está convencido de que si tuviera treinta habitaciones más, también estarían ocupadas. Y eso que hay crisis, se cierran empresas y caen conquistas laborales. El San Froilán, ya se dijo más de una vez, puede con la crisis como puede con la lluvia y con el «somos así» que difunde el Concello. El eslogan municipal evidencia que Baroja no tuvo en cuenta a los inventores de lemas cuando afirmó que «en la política es donde hay menos hombres clarividentes». «Somos así».