Las preparaciones tradicionales, en extinción

La Voz

LUGO

15 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

«...E para comer, Lugo», dice la frase. Ciertamente, la ciudad ofrece una gastronomía muy variada y de excelente calidad. Pero si lo que busca el cliente es un helado artesano, la cosa se complica un poco. Y no porque estos dulces elaborados sean de mala calidad, sino porque es una misión casi imposible encontrar un establecimiento en toda la ciudad que ofrezca este producto.

Desde que la heladería La Suiza echó el cierre, a Lugo le tocó quedarse sin helados artesanos hasta hace casi cinco años, cuando el repostero italiano Raffaele Cugini y la emprendedora lucense Antía Lence se aventuraron a abrir unha nueva heladería, Fiordilatte, cambiando así la historia de los bocados dulces que ofrece la ciudad.

La calidad de lo artesano

La diferencia de calidad y sabor entre un helado artesano y otro que fue hecho con métodos industriales suele ser notable, ya que los primeros no llevan colorantes ni conservantes y para su elaboración se utilizan productos de primera calidad. Así lo afirma Yago Soto, uno de los camareros de Fiordilatte, quien además asegura que sus clientes «valoran mucho la calidad».

Los consumidores, a pesar de que la mayor parte de las cafeterías y pastelerías ofrecen helados industriales, lo tienen claro. «Si tengo que escoger entre un helado artesano y uno industrial, sin duda, me quedo con el artesano», sentencia un turista vasco que estos días visita la ciudad.

Escasez de la oferta

Sin embargo, ningún empresario lucense se ha decidido todavía a montar otra heladería que le haga la competencia a Fiordilatte y que aumente la oferta de esta exquisitez. En términos económicos, quizás no es el mejor momento para promover un negocio y, por otra parte, las características meteorológicas de la zona, con un día soleado y tres nublados, tampoco animan demasiado al consumo de helados.