¿Qué es lo que no arde?

Manuel Piñeiro

LUGO

26 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Andamos en plena vorágine incendiaria. Hay demasiada gente dedicada a echarle más leña al fuego. O gasolina, pura y dura. Y, lo peor, es cuando los políticos no paran de incendiar un país ya sumido en llamas. Nadie quiere apagar un fuego de una crisis que nos ahoga. Ni oposición ni gobierno tienen ninguna voluntad de ejercer una política de estado, para una situación de emergencia. Es una irresponsabilidad histórica, que exige soluciones históricas. ¿O ya hemos olvidado los trascendentales pactos de la Moncloa, como motor impulsor de una situación que ahogaba la transición? Por aquel entonces, todos los partidos políticos remaron en la misma dirección para evitar el desastre. Dieron un ejemplo de sensatez y responsabilidad al mundo. Era gente con un gran sentido del Estado. Ahora, no se vislumbra en el horizonte algo parecido. Cuidado, porque este país se juega mucho más que su presente. Se juega su futuro.

Por este Lugo que estos días ha enlazado el fuego mágico de la noche de San Juan, con el Arde Lucus de la Roma Imperial, se ha querido sustituir el pesimismo de la crisis por los actos lúdicos de una fiesta ya consolidada. Y el pueblo se ha entregado en cuerpo y alma al evento. Si Roma no pagaba a traidores, tampoco los lucenses queremos pagar a los que traicionan nuestra confianza.

Y nada mejor para olvidar nuestras penas que entregarnos a los placeres de esa fiesta pagana, que ya ocupa un lugar preferencial en nuestra cultura bimilenaria. No queremos el pan y el circo de nuestros invasores, pero, de vez en cuando, tampoco nos sobra una dosis pasajera que mitigue nuestra realidad. Diviértanse, porque se lo merecen.