¡Qué vergüenza!

María Campo

LUGO

En Lugo hay una muralla que es patrimonio de la humanidad. Tenemos al que es probablemente uno de los mejores humoristas gráficos de estos tiempos. Y, sin duda alguna, hemos sabido hacer del comer todo un arte. Pero lo que va camino de hacernos famosos no es tener las mejores estadísticas ficticias de Galicia y parte del extranjero. Ni siquiera que cada día un puñado de ganaderos pasen a peor vida obligados a abandonar el sector que nos sustenta. Tampoco los ERES que se suceden a cuentagotas. Ni que los servicios sociales y de Cáritas no sean suficientes para hacer frente a las demandas de ayuda de los cientos de personas que ya no saben a quién recurrir. Porque esto es el pan de muchos rincones de la geografía nacional. Lo que nos hará saltar definitivamente al estrellato son las operaciones judiciales con las que desayunamos todos los días. Y tan solo un par de juezas para hacer frente al gran número de chorizos que ya no consiguen pasar desapercibidos entre los casi 100.000 habitantes de esta ciudad.

Pese a que los llamativos titulares del periódico solo pretenden reclamar nuestra atención como lectores, lo cierto es que detrás de ellos hay una realidad que nos deja en evidencia. La trama de las multas, los chinos, la operación carioca, bebé o pollo son simples eufemismos con los que describir la cruda realidad que nos rodea. A los constantes y enquistados problemas municipales, a las polémicas en la policía local y al interminable trajín de los juzgados, hay que añadir casos sin resolver, olvidados en los baúles del recuerdo, que únicamente consiguen sacar a la luz penosas huelgas de hambre. Si hay alguien que no esté preocupado por lo que pasa en esta ciudad que lo diga ya. Si hay alguien que no esté pasando vergüenza por todo esto, que me lo explique.