Todos son de buena madera

Benigno Lázare LUGO/LA VOZ.

LUGO

Los comienzos fueron con una espuerta de herramientas carpinteando de casa en casa. La segunda generación también lo hace, pero sin espuerta y para restaurarlas

09 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

La constante que se mantiene en la Carpintería Cotín desde el principio es trabajar principalmente con madera auténtica. Es más, se mantiene desde que el patriarca comenzó a hacerlo a domicilio arreglando carros, elaborando muebles y lo que le pidiesen porque en aquella época los tableros de aglomerado ni siquiera se intuían.

José aprendió el oficio de carpintero de adolescente, probablemente con su hermano Abel, que con sus 93 años sigue disfrutando de la vida en Argentina. Era de los menores de 11 hermanos de la casa de Coto de San Mamede, en la parroquia fonsagradina de Vieiro, o sea, un Cotín. Semejante prole se acomodaba con dificultad debajo de un mismo tejado y estos dos hermanos comenzaron muy jóvenes a ir de casa en casa con una espuerta llena de herramientas dispuestos a hacer todo tipo de apaños en madera.

Sobre 1960 Abel decidió marcharse a Argentina y José se fue a la capital del municipio. Comenzó a trabajar de carpintero con un socio. Hacían básicamente puertas y ventanas para edificios y trabajaron para el escultor Corral, que por entonces tenía una empresa de construcción a la que le fue adjudicado el colegio.

José hizo una pequeña casa de 50 metros cuadrados, con una planta alta. Se separó del socio y montó su carpintería en el bajo. Pero como había que pagar las deudas y rematar la edificación, decidió marcharse a Francia. De los dos años que estuvo en el país de los gabachos, casi uno lo pasó en el hospital recuperándose de un accidente laboral. De regreso empezó a trabajar con regularidad en la carpintería, para la que ya había comprado una máquina combinada para moldear la madera. Con más de 43 años se casó y tuvo dos hijos y una hija.

El mayor comenzó a trabajar con el padre a los 16 años; Juan Carlos se incorporó a la carpintería cuando tenía 19, y en ello siguen los dos. Por problemas de cotización, el padre se retiró más tarde de los 65 años y la tercera generación de carpinteros todavía está verde.

Los 50 metros iniciales de la casa de la Rúa dos Paxariños fueron ampliados ya por el padre a 120 mediante una nave en la parte trasera. Posteriormente montaron otra de 280 metros frente a la originaria, y más recientemente compraron una tercera algo más grande, para almacén.

A pesar de que la demanda bajó bastante tienen un empleado que esperan poder seguir conservando. Dicen que si no se ven obligados a reducir más el trabajo, no descartan contratar algún personal más.