Os segredos da gaita
es el libro de cabecera miles de aprendices que en Galicia han sido y son. Va en la sexta edición y está traducido a otros idiomas, el último, el chino.
Pero su trabajo más constante, aparte del relacionado con la Diputación de Ourense, es la recuperación de antiguos cantares y piezas por toda Galicia y especialmente en O Courel. De su tierra natal editó tres tomos de música con un millar de cantares. «Iso é o albergue da cultura inmaterial de séculos». A ello contribuyeron personas como Elvira Touzón, una centenaria a la que le van a levantar una estatua como un pequeño homenaje a su impagable aportación. «Ela transmitiunos 133 cantares, algúns que se remontan ao século VIII, e é o paradigma perfecto dese albergue da cultura ao que me refería antes».
Aunque no lo diga abiertamente, Xosé Luis Foxo está cansado de explicar el porqué de su defensa de la línea que siguió la Real Banda de Gaitas de la Diputación de Ourense. Considera que ese cierto aire militar facilita la disciplina que requieren las bandas y en ellas organizó a 15.000 jóvenes. Esa es su aportación. Recuerda que Avelino Cachafeiro, el Gaiteiro de Soutelo, o los de Ventosela, y más recientemente grupos como Milladoiro, fueron grandes innovadores en el sonido y en el uso. Los de Ventosela la sacaron de las ceremonias religiosas y la introdujeron como música de baile.
Foxo puso a miles de ourensanos a tocar la gaita, pero no consiguió que Baltar abandonase el trombón de varas por ella, aunque la sabe tocar.