Vilaseca sostiene que el Camino de Santiago ha perdido su esencia religiosa, pero cumple otras funciones
23 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Rafael Vilaseca Otero es uno de los tres periodistas que ejerció en Lugo en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta -se jubiló en 1991- que fueron pioneros en la información relacionada con el Camino de Santiago, o con el Xacobeo, que según el primer delegado de La Voz de Galicia en Lugo, es un invento de la Xunta. Vilaseca, junto con Víctor López Villarabid y Tuñas Bouzón son los tres informadores que aparecen reflejados en un libro que presenta hoy, a las 8 en la Casa da Cultura de Sarria la Asociación de Periodistas do Camiño.
-¿Conoce usted bien el Camino de Santiago?
-Me lo conozco de pe a pa. Lo hice en dos ocasiones. Una desde Saint Jean Pied de Port y otra desde Somport. Desde O Cebreiro a Santiago no tiene secretos para mí. Lo recorrí tanto como profesional como con los Amigos de los Castillos, asociación a la que pertenezco. Aunque sea el mismo recorrido siempre se descubre algo nuevo. Le recomendaría encarecidamente a todos los periodistas que vayan a escribir de él, que lo hagan antes, a pie, o por el medio que sea para descubrir todas las perspectivas que ofrece: cultural, etnográfico, arquitectónico, religiosa....En realidad le recomiendo la experiencia a todo el mundo, periodista o no, al menos una vez en la vida. -¿Cuándo fue la última vez que lo recorrió? -La última vez que lo hice como periodista me tocó con un grupo de gente muy joven, de Santiago. Fue una experiencia, pese a que no acudí a la misa del peregrino. Sí lo hice años más tarde, en 1993, ya jubilado, con los Amigos de los Castillos. Me encargaron presentar la ofrenda al Apóstol. Fui muy breve. Llevaba un folio preparado. Había otros, en concreto uno de otra asociación, no digo cuál, que leyó tres o cuatro y todos pensábamos, ¿cuándo acabará? -¿Generaba muchas noticias en aquella época el Camino? -No. Realmente no. Nos teníamos que servir de los ayuntamientos, que ya tenían teléfono en aquella época, de los alcaldes y especialmente de los funcionarios, que eran los que contestaban al teléfono. Recurríamos hasta a la Guardia Civil. No teníamos los medios de ahora, ni tampoco tantos peregrinos. No había masas como las de ahora. Era muy difícil hacer información y conseguir noticias. Lo que se hacía era muchas veces por pura chiripa. Quienes nos facilitaban el trabajo eran la hermana o la sobrina de Elías Valiña, el cura de O Cebreiro en aquellos años y una de las personas que más se preocupó del Camino.. -¿Iban con frecuencia a O Cebreiro? -La verdad es que lo hacíamos de forma esporádica. En O Cebreiro sí que cambiaron las cosas. No se parece absolutamente en nada a lo que hay ahora. Íbamos Guillermo Peinó, el fotógrafo y yo en mi Seat 600. Teníamos que hacer paradas en Becerreá, en As Nogais y en Pedrafita porque se calentaba el motor del coche. La carretera era infernal y tardábamos horas y horas en llegar. Ahora mismo no sabría decir cuántas, pero muchas. Volvíamos por el mismo trayecto que, aunque estaba como estaba, no tenía nada que ver con la carretera del Camino. -¿Coincidió con muchos políticos y con famosos? -Con Fraga muchas veces. Con Vázquez Portomeñe también en varias ocasiones. Lo conocí cuando era secretario del Ayuntamiento de Chantada. -¿Se encontraron con muchos inconvenientes en el desarrollo de su trabajo? -Los inconvenientes los daba el propio Camino que era casi medieval y constituía un problema en sí mismo andar por él. -¿Cambió mucho desde entonces? -Muchísimo. España ha cambiado. No se reconoce y el Camino mucho más. Los albergues eran contados. Había el de Portomarín y el de Triacastela, que era el mejor de la provincia de Lugo. Tenía dos edificios. -¿Cambió la esencia de las peregrinaciones? -El Camino ahora es totalmente artificial. Ha perdido su religiosidad. Incluso el nombre, Xacobeo, es un invento de la Xunta. Sin embargo, desde el punto de vista del negocio y del conocimiento de Galicia me parece una cosa estupenda. Los peregrinos religiosos son los menos. -¿Cómo era la relación con sus compañeros de profesión? ¿Había mucha competencia en aquellos años? -La relación era buena y cordial. La verdad es que pocas veces coincidíamos. Villarabid era el que estaba siempre en el Camino y eso se reflejó en que escribió varios libros para la Xunta. Creo que fueron tres. -¿Y usted, tiene alguno? -Tengo muchos. La verdad es que no sé cuántos, pero no escritos por mí. El primero que llegó a mis manos me lo regaló mi suegro. Lo estuve rebuscando con esta ocasión y no pude encontrarlo. Tengo una amplia bibliografía sobre el Camino, algunos libros muy informativos. Los más detallados los publicó en los años 70 el Ministerio de Educación, dentro del Noticiario Turístico. Ahora mismo me viene a la memoria otro de Elías Valiña, en colaboración con otras asociaciones del Camino. Tengo también una traducción al castellano del Códice Calixtino, de Millán Bravo, catedrático de Valladolid, un hombre doctísimo que me lo dedicó.