Un refugio de indigentes que tuvo que ser tapiado

La Voz

LUGO

El INE se vio obligado a tapiar puertas y ventanas de las dos primeras plantas porque el inmueble se había convertido en refugio de indigentes que llegaron a prender hogueras dentro, con el consiguiente peligro. Ahora la imagen que ofrece el emblemático edificio es de abandono. La zona ajardinada está poblada de maleza y la zarzas crecen a su antojo.

De no haber tomado la medida de tapiar puertas y ventanas, pese al aspecto antiestético que refleja el edificio en esa situación, el deterioro sería muy superior al actual. La nueva sede del INE, una vez que se rehabilite el edificio, quedará completamente encajonada entre dos inmuebles de alturas muy superiores.

Uno de ellos es el levantado por José Antonio Díaz, que fue propietario del sanatorio y que tuvo que hacer encaje de bolillos para adaptarse a las circunstancias, y otro que está previsto levantar en el terreno anexo, que, según el cartel colocado, llevará una altura total de siete plantas.