El gobierno de Orozco está quemado

Carlos Vázquez

LUGO

El gobierno de Orozco ha caducado ya hace tiempo. Varios de sus concejales están bajo sospecha por la Justicia y otros, en algunos casos los mismos, han dado evidencias de su incapacidad para liderar y aportar algo nuevo y distinto a la ciudad. Muy pocos dudan, incluso entre los propios votantes del PSOE, de que las personas que el regidor ha nombrado ya no cumplen -si es que alguna vez lo hicieron- con las expectativas creadas.

Y no es que la oposición sea mejor, que no lo es. Sus iniciativas no son más brillantes que las que propone el gobierno al que -unas veces el PP y otras el BNG- han apoyado para otorgarle mayoría absoluta. Al mismo gobierno al que después tachan de nefasto. Porque Jaime Castiñeira y Xosé Anxo Lage no ofrecen un perfil mejor que el de Orozco. Todos sabemos qué tasaciones hace uno y qué resultados obtienen las frases ocurrentes del otro.

Los concejales con funciones de gobierno han perdido la iniciativa, el ritmo y la representatividad entre los lucenses. Porque una cosa es la potestas (poder socialmente reconocido) y otra bien distinta la autoritas (saber con legitimación y capacidad moral). Cansados la mayoría, los quemados avivan un fuego donde podrían estar inmersas las aspiraciones del propio José López Orozco si este no es capaz de reaccionar.

¿Hay solución? Podría haberla si el alcalde aprovecha la salida de Concepción Burgo, concejala de Cultura y Turismo, -demasiado ocupada con sus obligaciones parlamentarias- para remodelar a fondo el gabinete y afrontar la recta final de esta legislatura. Que estará perdida si el ministro José Blanco no la salva y la Xunta de Feijoo no cumple su compromiso con la ciudad.