Demasiado sufrimiento. El Azkar superó por la mínima y sin excesivo esfuerzo a un Playas que se ahogó en sus propias carencias, sobre todo en el apartado técnico, y que se dejó achuchar en la segunda mitad por un conjunto lucense que no metió la quinta marcha para zanjar la contienda. Una vez más, los de O Ceao no clavaron la banderilla de la tranquilidad antes de que la soga del tiempo apretase el cuello. Y con 2-1 en el marcador, a los locales les tocó guarecerse y repeler balones ante un contrincante que apostó por el portero-jugador. Pero la inoperancia de los de Fran Torres fue un lastre no despreciado por el cuadro azulón.
El Azkar comenzó el partido al ralentí, con nula agresividad y una apariencia de brazos caídos. Víctimas de una actitud excesivamente pasiva, los de O Ceao concedieron la iniciativa al rival en el arranque y, a los tres minutos, se vieron por debajo en el marcador de manera sorpresiva. Moi sacó tajada de la exacerbada indolencia de la defensa lucense para dar un toque de atención a los azulones. No hay batalla sencilla si se agasaja a los adversarios con regalos. Así que tocaba remar a contracorriente. Pero Beto, con una genialidad en la frontal de área, reventaba la escuadra de Rafa para devolver el pulso a los de Bruno García.
La igualada en el electrónico dio nuevos bríos a los locales, que asumieron las riendas de del choque de manera permanente ante un rival que se dejó hacer, que no expuso argumento alguno en la parcela ofensiva. No obstante, a pesar de que el Prone monopolizó la posesión de balón, no profundizó en la maraña defensiva, más por cantidad que por calidad, tejida por un Playas que anhelaba el suero de un milagroso contraataque.
El asedio del Azkar se intensificó con el paso de los minutos. Con Beto en pista, la sensación de peligro se multiplicó en el bando lucense. No obstante, los remates y las oportunidades para poner distancia en el marcador no llegaron con fluidez para el cuadro local.
El mayor defecto de los de Bruno García a lo largo del primer acto radicó en la lentitud que exhibieron en el repliegue. Esta circunstancia generaba inseguridad en las gradas en cada oportunidad en la que el Playas trataba de esgrimir el argumento de la verticalidad. Y es que los castellonenses rezaban para agarrar una contra que les relanzase en el compromiso.
Golpe racial
Todo cambió en veinte segundos. Los primeros de la segunda mitad, para ser exactos. El Playas sacó de centro y el Azkar ofreció una fotografía de su cara más ambiciosa. Con una fe propia de los fanáticos, De Bail recuperó el balón a base de empuje y sirvió en bandeja el gol a Juanpe. Un instante glorioso que, a la postre, supondría el triunfo para el Prone.
Con los locales por delante en el marcador, el Playas no pudo variar el guión del encuentro. Bien por incapacidad o bien por una mala noche, los visitantes se ahogaron en la presión de los de O Ceao. El balón era un bien de absoluto usufructo de las huestes de Bruno García. Pero Rafa en unas ocasiones y la falta de puntería en otras impidieron que los lucenses sentenciasen un choque en el que la sensación de superioridad fue insultante.
De este modo, llegó la hora de sufrir en el desenlace. Fran Torres apostó por el portero-jugador y Bruno García desplegó su quinteto más defensivo. Sin opción de matar en ataque, el Azkar persiguió un gol desde su casa. Pero no llegó, como tampoco lo hizo el empate.