Tania Fernández, la mayor realidad del piragüismo lucense, afronta el reto de repetir este curso los éxitos de los anteriores
16 mar 2010 . Actualizado a las 11:59 h.Si se le pide a Tania Fernández que muestre las manos, lo hace con timidez, como si quisiera esconder el reflejo del esfuerzo, del sacrificio que implica a los 18 años tomarse en serio un deporte tan duro como el piragüismo. Fuertes, surcadas por las señales que dejan horas y horas a la pala; de trabajadora. Manos que sufren, «sobre todo en invierno», cuando hay que salir al agua con el termómetro peleando con el cero, y se congelan, y la escasa protección de unos guantes no llega. Para ella es el peor momento, pero no se desmotiva. Al contrario. La mayor realidad del piragüismo lucense aspira, en su segundo año de júnior, a repetir los éxitos que ya jalonan su historial: internacionalidades y títulos de campeona de España.
Lleva Tania media vida en el agua, desde que un verano se acercó al Miño con su hermano mayor a un cursillo y decidió «probar algo nuevo». Se enganchó, mientras buena parte de quienes comenzaron a su par se descolgaban, y nueve años después sigue al pie del cañón. «Todo es empezar, y si algo te gusta, te motiva más», explica y justifica a aquellos que no aguantaron: «No les compensaría». Si se gana... Porque en su segundo año ya comenzaron los éxitos (siempre de la mano de Mus, su entrenador en el Club Fluvial) y desde entonces no ha parado.
Se va de casa
Sus éxitos, progresión y proyección no pasaron desapercibidos para los entendidos y, con tan sólo 14 años, recibió la invitación para mudarse al Centro de Tecnificación de Pontevedra, donde se ejercita la élite del piragüismo gallego y promesas de otras modalidades, en un estricto régimen de estudio y entrenamiento. «Me hizo mucha ilusión», recuerda Tania. «No fue nada agradable», matiza su padre, José Ángel. «La echas en falta...». Se fue de casa, como la joven de la canción de The Beatles (She's leaving home), y lo que en principio era un curso ya va para cuatro. Los fines de semana, regresa. «Al principio se hace muy duro, los días son largos...», reconoce Tania.
Pero no le va mal y compagina viajes a la competiciones, los entrenamientos compartidos en el Lérez con el grupo de Teresa Portela (en Pontevedra las lleva el mismo entrenador, Daniel Brage), con las buenas notas. El año que viene, una vez finalizado segundo de Bachiller, aspira a estudiar Medicina. Sonríe al pensar en cómo lo compaginará con el deporte. «Ya veremos», acierta a decir.