Cada vez son más los lucenses que acuden a centros de la capital o de la provincia para mejorar la concentración o las habilidades comunicativas con la música
26 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Falta de concentración, problemas para socializar o comunicar, depresión o estrés son algunas de las dolencias que muchos lucenses intentan corregir con tratamientos que combinan la terapia y la música en centros especializados de la capital, o participando en los cursos de musicoterapia que organiza cada verano en Mondoñedo la Asociación Interdisciplinar Músico Sensorial para personas con Necesidades Especiales (Aimpne) y que fue declarado de «interés sanitario» por la Consellería de Sanidade el año pasado.
«Estos años participaron en el curso varios niños con síndrome de Down de Lugo» destacó la presidenta del colectivo, Elena López, señalando que este verano (del 20 al 25 de julio) habrá talleres orientados para síndrome de Down o de Williams, parálisis cerebral y otras discapacidades. En este caso, parte del éxito del curso radica en que los talleres de musicoterapia se combinan con clases de distintos instrumentos que imparten profesionales de todo el mundo y a las que los niños pueden asistir como oyentes o como participantes activos.
Sergio Villamarín es un adolescente de 14 años y síndrome de Down que toca el piano desde hace años y que participó en el curso de Mondoñedo del año pasado porque a su madre, Mila Melio, le hablaron bien del curso. «Sergio tocou varios instrumentos e participou en distintas actividades como preparar un concierto para o último día -explicó Melio- pero aparte da musicoterapia, o curso ten un factor social e de convivencia moi importante: que durmira só, que estivera alí e fixera amigos...», dijo.
El método Tomatis
El curso de verano de Mondoñedo es el único programa de musicoterapia profesional que se organiza en la provincia, pero hay otros sitios en los que también se emplea la música como complemento para distintos tratamientos.
Es el caso de un gabinete de la capital en el que se aplica el método del otorrino francés Tomatis, que consiste en filtrar música con un amplificador especial para estimular los músculos del oído medio. «Se les hace trabajar con saltos de frecuencia. A través de los cascos, el oído recibe una señal limpia, sin distorsiones, que llega directamente al oído interno» explicó el gerente del centro, Juan Carlos Miguel.
En cada sesión, de una hora y media, se emplea música de la primera etapa de Mozart «porque transmite emociones alegres y es muy rica en armónicos agudos», que se contrasta después con canto gregoriano porque «es como el ritmo de la respiración de una persona tranquila. Se alterna la subida de energía de Mozart con la tranquilidad del gregoriano», señaló de Miguel.
De ahí que se aplique para casos de depresión, estrés, diagnósticos erróneos de autismo, o problemas de motivación.