Un año de recuerdos del «Klaus»

LUGO

Las toneladas de madera que siguen tiradas en montes lucenses son testigo del histórico vendaval que dejó muchos puntos de provincia sin luz y teléfono varios días

24 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Aunque pasen años y años, la noche del 23 de enero del 2009 quedará grabada en la memoria de cada lucense. Ese día, un temporal de vientos huracanados y agua arrasó la provincia de norte a sur y de este a oeste, provocando cuantiosos destrozos en viviendas, carreteras, naves, explotaciones agrícolas... y un apagón eléctrico histórico que en algunos lugares se prolongó cerca de una semana. Las zonas más afectadas fueron la costa y la chaira, pero la provincia entera sufrió los efectos del ciclón Klaus .

Haciendo caso de las predicciones meteorológicas, que anunciaban la llegada de un vendaval de consecuencias impredecibles por la mañana, la Consellería de Educación suspendió las clases en toda Galicia. Pero el ciclón se retrasó unas horas, y fue a última hora de la tarde cuando los servicios de emergencias empezaron a verse colapsados. Las fuertes ráfagas de viento, que según Begasa en algunos puntos alcanzaron los 200 kilómetros por hora, provocaron cientos de incidentes: levantaron tejados, derribaron o arrancaron de cuajo miles de árboles o provocaron la caída centenares de postes del tendido eléctrico y de torretas de media y alta tensión. Además hubo varios incendios, accidentes de tráfico...

Veinticuatro horas después del paso del ciclón, más de 87.000 clientes lucenses de las compañías que operan en la provincia (Begasa y Unión Fenosa) continuaban sin suministro eléctrico, según datos de la Consellería de Industria. Otro tanto ocurrió con el teléfono, que también se vio interrumpido. En numerosos lugares, la telefonía móvil tardó varias jornadas en volver a funcionar. Protección Civil, bomberos, policías, guardias civiles, equipos del 061, demás cuerpos de seguridad y auxilio, y operarios municipales, entre otros, vivieron jornadas de intensa actividad para lograr que la provincia recuperara lo antes posible la normalidad. El esfuerzo individual en cada hogar también fue importante. Así, en los establecimientos comerciales se disparó la venta de generadores eléctricos, sobre todo para explotaciones lácteas que necesitaban seguir con el ordeño. Trescientos sesenta y cinco después de aquella madrugada de viento, agua y oscuridad, los efectos del Klaus siguen a la vista en muchas localidades lucenses, especialmente de la costa. En los montes de la provincia se acumulan aún miles de toneladas de madera. Y en la ciudadanía, una pregunta: ¿ocurrirá lo mismo si llega otro ciclón?