El empresario del sector de la construcción Ricardo Lago se sentó en el banquillo de los acusados del Juzgado de lo Penal número 1 como responsable de un delito de lesiones. Fiscal y acusación particular le imputan haber propinado dos puñetazos a un joven en un pub de Alférez Provisional, en la madrugada del 12 de octubre del 2010. Lago compareció en la sala de vistas conducido por la Guardia Civil desde prisión, donde está ingresado por su presunta implicación en la trama de la operación Carioca, que supuso el cierre de varios clubes de alterne.
El acusado insistió que había ido al pub en la pulpada de San Froilán de su empresa. Incluso había acudido su padre a esa cita. Al acabar de cenar, la treintena de personas que se congregaron se dirigieron al pub. Lago relató que alguien le comentó que no sabía lo que le estaba pasando a Eva, que es la secretaria de la oficina. Él miró al sitio en el que se encontraba y la vio al lado de un joven que estaba muy excitado y agitando los brazos. La empleada le dijo que la estaba insultando y amenazando con darle «una hostia».
El empresario apuntó que el joven se acercó a él y a la trabajadora. «Como acto reflejo -dijo- lo intenté apartar con la mano. No sé si le hice daño o no». Lago negó en todo momento que le propinara dos puñetazos al denunciante e insistió en que había tratado de apartarlo cuando él se dirigía, no sabía muy bien si a él o a la chica en cuya defensa salió. El industrial relató que el joven y otros dos chicos que iban con él los siguieron por los pubs y tuvo que frenar a sus acompañantes para que no se reprodujera la discusión.
La otra versión
La versión de Pablo M. difiere de la de Lago. Según el joven, él estaba con su novia y un amigo cuando se le acercó Eva, que dijo se cayó dos veces antes de llegar hasta él. La joven pretendía hablar con él y darle explicaciones pero él, según sus propias palabras, fue tajante y le dijo que no quería hablar con ella. Intervino Lago y le propinó dos puñetazos. Salió del bar y llamó a la policía.
La novia de Pablo M. añadió al relato de éste que Ricardo Lago le levantó también el puño a ella. Al final del juicio el propio acusado, haciendo uso del derecho a la última palabra, insistió que en ningún momento intentó agredir a la joven.
Golpe con la mano abierta
La empleada motivo de la pelea dijo que conocía al joven desde hacía tiempo porque había sido novio durante seis años de una amiga. Se acercó a él para hablarle y él empezó a bracear y a pedirle que se fuera de allí porque de lo contrario le iba a pegar. Cuando ya se iba llegó su jefe y apartó a Pablo M., según ella, con la mano. Tampoco admitió que le hubiera propinado dos puñetazos. En el mismo sentido declararon varios empleados del empresario.
El defensor de Lago, que pide la absolución, apuntó en las conclusiones que ni el tiempo de hospitalización, cero días, ni el de incapacidad, un día, justifican la pena solicitada. En su opinión, sería de aplicación el artículo 147.2 del Código Penal, que contempla arresto de siete a veinticuatro fines de semana o de multa de tres a doce meses cuando la gravedad sea menor en función del medio empleado o del resultado producido. Pidió la aplicación de la eximente de legítima defensa.