Los miembros de un club de caza de Castroverde reclaman a la Xunta una indemnización por la muerte de dos perros
22 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Los socios del club de caza de Francelos, en Castroverde, creen que las indemnizaciones por los daños ocasionados por los lobos deberían abarcar también a los perros y no sólo a ovejas, vacas y caballos, como contempla la legislación. Este grupo perdió a Tom y a Argui, dos canes de caza, que fueron víctimas, casi con seguridad, de las fauces del predador, aparecieron muertos y mutilados, en el monte de Pallarega, en Rubial, en la parroquia de Páramo, en Castroverde. Otros tres canes, que participaban en la cacería de jabalíes, en la que abatieron un ejemplar de 128 kilos de peso, se encontraban ayer en paradero desconocido. Los cazadores confiaban en que los animales regresaran al punto de partida de la batida lo largo de la jornada, aunque tampoco descartaban la posibilidad de que hubieran sido víctimas de los lobos o que hubieran sido recogidos por alguna persona. A primeras horas de la noche de ayer la esperanza de recuperarlos había dejado paso al temor a no volver a encontrarlos.
Emiliano López Reguera, el presidente del club de caza y jefe de grupo. valoraba ayer la posibilidad de contratar los servicios de un veterinario privado para que certificara la causa de la muerte de Tom y de Argui. Según explicó, intentaron que lo hiciera el oficial de la Xunta, pero la respuesta que obtuvieron fue que los perros no figuraban en la relación de animales susceptibles de indemnización. El veterinario oficial, según López Reguera, no quiso desplazarse y el personal de Medio Ambiente se desentendió totalmente del caso.
Los miembros del coto de caza no renuncian, sin embargo, a resarcirse de la pérdida de los dos canes. Tom y Argui, de uno y tres años de vida, y que están valorados por los propietarios en 5.000 y 3.000 euros. Los dos canes salieron, junto con los otros tres, en la cacería autorizada al jabalí. Según explicó López Reguera, después de cargar el enorme trofeo, estuvieron esperando el regreso de los perros, hasta las diez y media de la noche. A esa hora decidieron marcharse y regresar al día siguiente, a las nueve de la mañana. Dejaron el remolque y una chaqueta en el suelo para que los perros tuvieran una referencia.
Cuando los cazadores subieron al monte se encontraron un panorama desolador. Tom y Argui estaban tirados y muertos, a unos cinco metros de distancia uno del otro, cerca del remolque y de la chaqueta. Por el tipo de lesiones que presentaban los animales, están convencidos de que fueron atacados por lobos.