Mientras los ganaderos pelean por su supervivencia, las instituciones debaten sobre nuevas tecnologías en el campo
13 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.En Lugo, ya se sabe, hay instituciones que se dicen muy preocupadas por el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información en la zona rural. Otra cosa son los resultados, claro, porque, ver, lo que se dice ver, se ven poco. A lo mejor ahora, dentro de nada, es posible usar Internet con cierta normalidad en el ámbito rural, gracias a la aplicación de un proyecto financiado con fondos europeos y liderado por la Diputación de A Coruña. La cosa empieza, como casi todas estas iniciativas, con unas jornadas de análisis, estudio y debate. Empieza mal, por tanto, con mucho cuento y poca chicha técnica; lo saben hasta los que lo promueven. «No le falta razón», dijo el presidente Salvador Fernández Moreda,
cuando el periodista apuntó que en esto de las nuevas tecnologías hay exceso de política y déficit de técnica. En esta semana que empieza, Internet en la zona rural seguirá como estaba, pero en la capital habrá unas amenas jornadas de debate y análisis.
La zona rural en Galicia (vale decir en Lugo, claro) da mucho juego a los políticos. Ocurre así desde siempre. Ahora que ya hay pistas por todos los rincones del monte, que el alquitrán llega a pie de leira, o casi, la clase política lucense encuentra en las nuevas tecnologías de la información la clave de la promesa electoral, el punto esencial en el programa para la conquista del voto. La conexión a Internet y un futuro feliz de trámites administrativos desde casa son, en la cartera de promesas del político, el moderno chapapote del rural, el punto de luz en la noche de pistas en sombras, la marquesina en la parada del bus. Hoy, en la zona rural, esperan que la telefonía móvil tenga una adecuada cobertura como antes esperaban la llegada de la pala municipal y del camión de la gravilla. Los presidentes de las diputaciones de A Coruña y Lugo, respectivamente, Salvador Fernández Moreda y José Ramón Gómez Besteiro , junto con el alcalde de Lugo, José López Orozco, presentaron días pasados un proyecto para el desarrollo de las nuevas tecnologías de la comunicación en la zona rural. Y mira por dónde, ese día la moderna megafonía del salón de plenos del consistorio, aún casi de estrena, se negó a funcionar como se esperaba de ella.
En Lugo, la megafonía municipal es una metáfora de la gestión política aplicada al desarrollo tecnológico. En Lugo, en la capital, el gobierno local intenta, como quien corre tras un sueño inalcanzable, la puesta en servicio de la tarjeta ciudadana. Lo que en otras capitales han conseguido sin mayores contratiempos, en la ciudad amurallada la edila Luisa Zarzuela no acierta a lograr que la tarjetita esté a punto. Acaba otro año y el proyecto siguen siendo un proyecto, como la administración digital y algunas otras cosillas que tienen que ver con las nuevas tecnologías. Eso sí, en el discurso municipal no faltan continuas alusiones a la necesidad de superar la brecha digital. Es, qué duda cabe, una necesidad, pero si antes no se tapan otras brechas de poco servirá. Vuelven estos días los tractores a gritar sobre el asfalto que el sector ganadero gallego boquea, que el agro agoniza; ocurre en toda Galicia, señaladamente en Lugo. Y hay quien, desde el púlpito de la política, aún habla de «fijar población en el rural». El socialista impecable que fue Enrique Tierno Galván solía decir que el poder es como un explosivo; o se maneja con cuidado o estalla. No parece mal aviso para los que aspiran a completar su cartera de votos en la zona rural. Más aún si como el PP aspira a recuperar la Diputación.
El presidente del PPdeG, Alberto Núñez Feijoo , recordó ayer en Lugo a las gentes de su partido que vienen meses de trabajo muy duro. Fue en el congreso local del PP lucense, en el que el concejal y diputado Jaime Castiñeira fue elegido, sin competencia, presidente de la junta local. Castiñeira, que muy probablemente será el cabeza de lista popular en las próximas elecciones locales, tiene ante sí la difícil papeleta de intentar mandar al PSOE a la oposición en el Ayuntamiento de Lugo. O igual no es tan difícil si Orozco no logra que algunos miembros de su equipo cambien el paso y se pongan las pilas; antes de renovar la lista electoral, al PSOE le toca una revisión de niveles. Desde Madrid, José Blanco observa el panorama y guarda silencio, pero ya por poco tiempo, porque los socialistas se juegan mucho en Lugo. Tienen que evitar que el PP salte la brecha que lo separa de la alcaldía de Lugo y de la presidencia de la Diputación. Para lograrlo usarán las nuevas tecnologías. Todo ayuda para alcanzar el triunfo político, que es, según dejó dicho Tierno, la suma del sentido común y de la capacidad de liderazgo.