César Méndez regenta un bar en Carlos Azcárraga desde hace 22 años, al que se incorporó su hijo hace 14. Entre ambos cubren horarios y atienden a la clientela
29 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.César Méndez Fernández creó su negocio, el bar César, de la calle Carlos Azcárraga, hace 22 años. Decidió instalarse por su cuenta al quedarse en el paro cuando reformaron la Tasca, en la calle de la Cruz, donde había estado trabajando cuatro años. En aquellos años la prestación por desempleo se podía cobrar en un único plazo. El dinero le permitió hacer la inversión en una actividad que controlaba y que le gustaba, la hostelería. Empezó muy joven como camarero en el Ajena, en plena calle de las Dulcerías, donde permaneció nueve años.
José Luis, el hijo, se incorporó en el negocio familiar para echarle una mano a su padre. Cuando volvió de la mili ya se quedó. Lleva 14 años haciendo turnos con su padre en un establecimiento que abre a las siete de la mañana, para servirle los cafés a los más madrugadores y que cierra pasadas las doce de la noche.
Padre e hijo, según asegura el primero, están perfectamente compenetrados después de trabajar juntos tantos años, respetan sus mutuas decisiones y la complicidad que sienten les permite entenderse simplemente con una mirada.
El bar César, que ofrece un amplio abanico de tapas de cocina, entre 10 y 12 a diario, además de los pinchos, cuenta entre su clientela con algunos vecinos del barrio que empezaron a ir cuando abrió y que le mantienen fidelidad. A éstos se le incorporó mucha gente joven, que compró vivienda en los edificios que se construyeron en la zona.
Sin competencia
El establecimiento de César y de Luis tuvo que competir con otros cinco bares que había en la zona y que fueron cerrando por diferentes razones. Ahora es el único en un amplio radio. César duda de si esto es una ventaja o un inconveniente para su bar. Está convencido de que cuando existen varios cercanos, el movimiento de gente es mayor. De todas formas los Méndez no se quejan de cómo le ha ido en estos años con un negocio del que viven dos familias. Supone un alto nivel de sacrificio y de entrega pero, según el padre, el trabajo es muy agradecido. En este año no cerraron ni un solo día.
César Méndez insiste que trabajar en el sector de la hostelería y mantenerse es algo vocacional. «Tenche que gustar -insiste- porque e bastante esclavo. A min gústame e o meu fillo, polo que vexo tamén».
Padre e hijo tienen una serie de turnos establecidos para poder disfrutar de algún tiempo libre durante el día. El padre insiste en que una persona sola al frente de un bar como el suyo no sería capaz de aguantar mucho tiempo y menos con los horarios que mantienen de atención al público.
Colaboración familiar
César y Luis Méndez cuentan también con la colaboración de la esposa del primero y madre del segundo que en el tiempo libre que le deja su propio negocio les echa una mano en la elaboración de las tapas, algo en lo que es especialista.
Hasta hace un tiempo servían raciones, pero el hacerlo les exigía tener personal y en especial una cocinera, con lo que prefieren mantener la actividad sin tener que contratar a nadie, al menos en estos momentos.