García Díez se considera un privilegiado porque tres de las cuatro veces que su partido lo incluyó en la candidatura municipal no fue de relleno. Cuando se machó en 1999 no tenía intención de regresar; en el 2003 las encuestas previas lo dejaban en buen lugar y sospechó que lo llamarían, pero no fue así y le tocó de nuevo en el 2007, cuando ya no lo esperaba.
-¿Transcurridos diez años, se arrepintió de haberse marchado y de no haber intentado que el PP siguiese gobernando?
-Es una respuesta muy complicada. Tendrían que haber cambiado muchas cosas de las que en aquel momento se daban. Visto ahora, si las circunstancias fuesen las mismas, hubiese hecho lo mismo; si fuesen distintas, hubiese tomado otra decisión. Me hubiese gustado culminar lo que empecé. No es que lo diga yo, pero a partir de aquel momento en el que se empiezan a cambiar ciertas formas de concebir una ciudad y a actuar, hasta hoy no ha habido proyectos en esa dirección. Habría cemento y obras, pero proyectos de ciudad, no.
-En 1999 no ocultó su enfrentamiento con Cacharro. ¿Por qué con ese precedente ahora hay quien no cree que que su marcha no se deba a problemas con Barreiro?
-En la rueda de prensa me hice eco del doble motivo de mi marcha que aparecía publicado en algunos medios. Insisto en que de salud me encuentro bien, porque todos tenemos goteras, y el hecho de que no me vaya de vinos todos los días con José Manuel Barreiro no indica que me lleve mal con él. Me sorprendió eso.