Días al ritmo de los juzgados

LUGO

El PP agita la polémica por el uso del interceptador telefónico Sitel, usado en las investigaciones judiciales en Lugo

08 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Lugo, ciudad casi siempre tranquila, se agita estos días al viento que sopla recio desde el edificio judicial de la plaza de Avilés. La ventolera ha sobresaltado y mantiene en un sinvivir a políticos lucenses en activo, uniformados de turbia historia, empresarios de negocios varios y vivales de distinto pelaje. Entre el ir y venir de detenidos, liberados, declarantes y periodistas que quieren contar lo que va pasando, la ciudad mínima que es Lugo sigue su vida y hay ya en su día a día cierta desconfianza hacia la indiscreción del móvil, una polémica de Sitel y escuchas, la angustia del retorno del viejo dilema entre seguridad y libertad. De libertad, sí; de libertades y de modelo de sociedad, va también la aún moderada polémica abierta por el intento del Concello de prohibir beber en la calle (no se refiere, no, a las terrazas de los bares) a adultos noctámbulos, a los tertulianos que se acogen a la amable anarquía de los parques.

Los socialistas lucenses han vivido una semana de sobresaltos, a cuenta de la investigación judicial en el Ayuntamiento de Castro de Rei y en la Diputación. La sonrisa se heló a principio de semana en las casi siempre sonrientes caras de Lara Méndez y José Ramón Gómez Besteiro el día en que el juzgado decidió revisar papeles en la sede del Inludes. Y la investigación continua. Como sigue la que lleva a cabo otro juzgado en relación con clubes de alterne en la capital lucense. Con tanto personaje conocido desfilando por la sedes judiciales, cobra protagonismo Sitel, el interceptador de comunicaciones telefónicas, que amenaza con alterar hasta extremos insospechados los hábitos telefónicos de numerosos lucenses. Mientras en Lugo pasa lo que pasa, en Madrid el PP ha lanzado una dura acusación al Gobierno, en relación con Sitel, y asegura que la española es una «sociedad vigilada». Quizá sí, quizá ha llegado el momento de que en Madrid, en Lugo, en España entera se abra un debate intenso para consolidar espacios de libertad que al parecer algunos consideran amenazados.

En el ámbito local, el debate entre seguridad y libertad asomará en breve al hilo de la tramitación de la ordenanza municipal de civismo, que es lo mismo que decir de la ordenanza contra el botellón. Pretende el gobierno local prohibir el consumo de alcohol en la calle los fines de semana, entre tal y cual hora. El Bloque, que tiene por portavoz municipal a Xosé Anxo Lage , ya calificó el proyecto del socialista José Rábade de «ordenanza de represión ciudadana». El PP no alcanza hasta ahora, tal vez lo haga en el futuro, a apreciar el profundo calado de la norma naciente. Qué cosas: el adulto que, en la alta noche, se tome una cerveza en una terraza de la plaza Maior, tendrá las bendiciones municipales; el que haga lo mismo en un banco de la alameda, habrá vulnerado la norma. Es probable que los asiduos al botellón respondan con la mayor de las indiferencias a la imparable afición municipal a dictar normas. Y que no le hagan ni caso. ¿Pondrá entonces el concejal Rábade a un policía local detrás de cada participante en el botellón?

El proyecto de ordenanza dará que hablar en los próximos días. Quizá sea un buen recurso para el gobierno que preside José López Orozco para desviar la atención de ese polvorín político en que se ha convertido la urbanización de O Garañón. Orozco sabe que, a estas alturas, incluso algunos notables de su partido en otras provincias miran con curiosidad no exenta de recelo este asunto. Y no entienden nada. ¿Cómo habían de entenderlo? Pero en el propio PSOE hay quien está convencido de que el futuro electoral de los socialistas en la capital lucense se juega en ese terreno situado al pie del parque de Rosalía. Quizá sí y el PP logre hacer olvidar que fueron los suyos los que dieron el visto bueno al PGOU de 1990, que posibilita la citada urbanización; será una pesada losa para el candidato Castiñeira .

En la ciudad mínima y tranquila que es Lugo soplan estos días vientos judiciales que sobresaltan a algunos empadronados más o menos notables. El viento trae ráfagas de aire fresco, hay como un oreo de ambientes cargados, el alivio que produce comprobar que la máquina de la Justicia, tan achacosa en tantos aspectos, funciona y levanta las alfombras del poder y del lumpen, de las sedes institucionales y de los clubes de alterne. Pero, en el camino, cabe el riesgo de crear serios problemas y perjuicios a quien ni los buscó ni los merece. Quevedo, que de esto sabía, avisó de que «donde no hay justicia es grave tener razón». Pero también sabía, y lo dijo, que los errores de un juez pueden hacer más daño que los propios delincuentes. Y empieza otra semana.