Transita el Breogán por encima de muchas o casi todas las previsiones. «Este año sí», se escucha, «sí» quiere decir ascenso. Pasado el tiempo de la opulencia, resulta que se puede hacer un buen equipo sin dilapidar el dinero. Nada nuevo. Muchos lo hacen cada año por necesidad perenne. Aquí, por obligación que esperemos que no sea perenne. Todo iba sobre ruedas hasta el terremoto de Cáceres. Pero no olvidemos que en esta Liga no sólo el Breo pasa por estrecheces. Salvo tres Ferraris, conducidos algunos por pilotos de karts, el resto ha bajado también el presupuesto. O sea, que seguimos siendo de los mejores, aunque habrá que acostumbrarse a resultados sorpresa como el del miércoles. A favor y en contra. Lo importante, como siempre, para mayo. Y sorprende el empeño de alabar en un mal día el esfuerzo. Esto y el trabajo van incluidos en la paga y son de obligado cumplimiento. El acierto es otra cosa.
Hoy en Málaga, partido complicado. Lo fue el año pasado con una plantilla más glamurosa. Estos equipos filiales, plagados de jugadores jóvenes y de calidad, como cojan la moto te pasan por encima. Una excelente piedra de toque para saber si Cáceres fue sólo un accidente.