El Breogán se queda sin burbujas

LUGO

Ni antes eran tan buenos, ni ahora tan malos. Esa es una de las conclusiones que se puede sacar después de lo visto ayer en el Pazo Universitario. El optimismo rebosaba en el graderío celeste antes del inicio del encuentro. Pero el Breogán, que ofreció como único argumento la buena actitud durante el primer acto, se descompuso como un azucarillo en las manos del Cáceres. El Leche Río fue un juguete a merced de los extremeños, que impusieron el ritmo que más les interesó en cada instante y se dieron un festín en el que jamás levantaron el pie del acelerador. Además, los de Piti Hurtado aderezaron su actuación con un acierto descomunal y un insultante dominio en el rebote. Dedas firmó su segunda venganza de las últimas temporadas y los interiores del conjunto visitante camparon a sus anchas bajo los tableros.

El Cáceres se agazapó en el inicio. Un par de golpes del Breogán elevaron las expectativas en el Pazo. Sin embargo, todo fue un espejismo. Los extremeños, con un acierto extraordinario, dejaron al descubierto todas las lecciones que el Breogán aún debe aprender en este curso. La transición defensiva y la defensa del dos contra dos no son los fuertes de los celestes. Y, conocedores de ello, los de Piti Hurtado imprimieron un alto ritmo al partido que descabezó a la escuadra lucense.

Para colmo, los recursos ofensivos, una vez esfumado el acierto, desaparecieron en la escuadra de Rubén Domínguez. Adrien y Coleman cargaron el rebote con ímpetu. Pero su energía fue insuficiente para atar de corto a los visitantes.

Piti Hurtado dio una vuelta de tuerca en el segundo cuarto con una defensa en zona. Y el Breogán, carente de muñecas calientes en la sesión vespertina de ayer, apeló a la paciencia como único recurso. Cada uno hacía la guerra por su cuenta, circunstancia que se convirtió en una constante cuando el choque quedó resuelto. Y la buena actitud del Leche Río se fue transformando en ansiedad con el paso de los minutos. Las cosas no salían y la desesperación se apoderó de los locales, que se asfixiaban entre los brazos contrarios cada vez que se acercaban al aro cacereño.

Un triple de Corbacho pareció reanimar al Breogán en el arranque del tercer cuarto. Pero fue el último zarpazo de un equipo celeste que desapareció del parqué. En medio del caos, algunos maquillaron números y los jóvenes animaron el cotarro con su actitud.