El Celta se ha instalado tras cinco jornadas de Liga en puestos de descenso. El equipo vigués ha sumado dos puntos y ocupa la penúltima posición de la tabla. Su situación es preocupante y el celtismo ha dejado de creer en su técnico. Desde que Eusebio Sacristán llegó al banquillo celeste, sus números son los peores de un entrenador debutante con solo dos victorias en veintiún partidos. El cambio de temporada, y su apuesta por un fútbol alegre, le han salvado de lo que para otro hubiese sido una destitución segura.
Eusebio ha realizado una vuelta virtual tras dirigir 21 partidos entre este y el pasado campeonato en Segunda. En total solo ha contabilizado diecisiete puntos, los mismos que, por ejemplo, llevaron al Racing de Ferrol a ser colista al término de la primera vuelta de hace dos temporadas. Con esta puntuación cualquier equipo estaría en puestos de descenso.
El entrenador pucelano llegó a Vigo tras la destitución de Pepe Murcia que arrastraba una racha de siete partidos sin una sola victoria. Su estreno ante el Huesca ya comenzó con una derrota. La pasada campaña el Celta se salvó por el buen balance de la primera parte de la Liga, y porque Iago Aspas levantó el partido clave ante el Alavés.
Con Eusebio solo han sumado cinco puntos a domicilio, con cinco empates, ya que el Celta no gana fuera desde que lo hizo el pasado enero ante el Alavés en Mendizorroza. Los dos triunfos del técnico vallisoletano han sido por la mínima, y ambos pertenecen a la anterior Liga.
En esta temporada sin jugadores de peso como Ghilas, David Rodríguez, Dinei o Rosada, el club vigués ha realizado una arriesgada apuesta en la que el entrenador tenía plena confianza. El técnico creyó en la juventud para su ataque. Sin embargo, tras ofrecer una buena imagen pero sin premio en sus primeros cuatro partidos, ha llegado a entrar en una fase de «desconfianza» que el propio Eusebio reconoció el pasado sábado.
Los gritos de «¡fuera, fuera!» de la grada, y varios momentos en los que el público se volcó contra su entrenador, indican el descontento de una afición que se ha cansado de los malos resultados. La ilusión que generó una buena pretemporada, se ha desvanecido tras comprobar que el 4-3-3 de Eusebio resulta bonito pero poco efectivo.
El Celta arrastra tres horrorosos años anteriores que le han llevado de Primera a Segunda, y a estar dos temporadas flirteando con el descenso a Segunda B. En el cuarto año de mandato de Carlos Mouriño vuelven a generarse muchas dudas. La continuidad de Eusebio está garantizada para esta semana pero no parece gozar de crédito.